Un cultivo donde se cosecha mucho más que alimentos en El Cerrito, Valle

Un cultivo donde se cosecha mucho más que alimentos en El Cerrito, Valle

Junio 09, 2019 - 11:30 p.m. Por:
María Teresa Arboleda Grajales / Reportera de El País
Agricultura El Cerrito

Para realizar las labores agrícolas, la comunidad se organiza por grupos de familias, incluidos niños y jóvenes. En la foto, varios integrantes del Consejo Comunitario en compañía de la directora de la Agencia Nacional de Tierras, Miryam Martínez (gorra verde).

Cortesía para El País

El verde es un color asociado a la esperanza. También lo relacionan con la naturaleza, la fertilidad y la exuberancia. Y todo esto convive armoniosamente en un terreno cubierto por un gran toldo blanco enclavado en la cordillera Central, a media hora del casco urbano de El Cerrito, en el Valle del Cauca.

Bajo esa cubierta se cultivan remolachas, zanahorias, acelgas, tomates, habichuelas, pepinos y lulos en cuyas cosechas está puesta la esperanza de 50 familias afrocolombianas del Consejo Comunitario San Antonio y El Castillo.

El terreno está situado a una altura de 1768 metros sobre el nivel del mar y cuenta con una temperatura de 24 grados centígrados.

Allí construyeron un moderno invernadero, es decir, un espacio formado por una estructura metálica y de plástico, cubierto por materiales translúcidos para conseguir la máxima luminosidad en su interior.

"La idea al encerrar el cultivo, de 1400 m², es obtener unas condiciones artificiales (microclima) que generen mayor productividad a un mínimo costo y en menos tiempo. También se busca resguardarlo de heladas, granizo y plagas", precisa la directora de la Agencia Nacional de Tierras, Miryam Martínez.

Si bien lo empezaron a edificar meses atrás, fue este 27 de mayo que la Agencia Nacional de Tierras, ANT, adscrita al Ministerio de Agricultura, se los entregó oficialmente. Todo empezó en 2018, cuando el Consejo Comunitario recibió la adjudicación de la propiedad colectiva por parte de este mismo organismo.

Al conocer las iniciativas comunitarias que existían, las familias optaron por el invernadero, pues gracias a su tecnología, puede durar 100 años, explica Wilson Rentería Riascos, representante legal del Consejo.

Y también, agrega, que la idea es dejar un legado, no solo a las nuevas generaciones, sino a otras organizaciones, para que repliquen este tipo de experiencias y demuestren que los recursos que otorga el Estado sí pueden dar frutos y mantenerse en el tiempo.

En cuanto al aporte de ANT, ascendió a $418.340.000, además de la formulación de la iniciativa, el seguimiento técnico, financiero y administrativo, indica Karol Vanessa Urueña, de la Dirección de Asuntos Étnicos-Iniciativas Comunitarias de dicha entidad. Por su parte, la comunidad aportó $45.000.000 representados en mano de obra para la siembra de semillas y otras actividades.

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Fue ese un día de alborozo para todos. Las melodías de las cantadoras, ataviadas con coloridos turbantes, pusieron a bailar a muchos, interpretando marimbas y tamboras.

Sobraban los motivos para celebrar, porque la tierra de este plantío ya está dando tomates, lulos y 13 especies más de cultivos. Tan fértil es, que se espera que al año produzca 56.000 toneladas de hortalizas que luego de surtir las cocinas de las familias, se venderán para solventar el mantenimiento del invernadero.

Porque este es un proyecto sostenible, por ello su implementación incluyó la capacitación de la comunidad en su uso y administración.
De ahí que cuenta con seis paneles solares, los cuales proporcionan energía limpia para la iluminación de este campo. Algunas de sus tecnologías son referentes de Israel. De hecho, el plástico que lo recubre llegó de ese país.

El sistema de riego es por goteo, el cual se maneja a través del celular. Dado que este sembrado requiere recibir sol y aire, también hay unas cortinas que se abren en horas programadas para tal fin, aunque todo depende del tipo de planta.

Agricultura El Cerrito

El abono para las plantas proviene de gallinaza y pollinaza, pues no usan productos químicos, lo que da como resultado cosechas 100% orgánicas. Dichos abonos se procesan en el sitio conocido como biofábrica, donde también tienen el vivero para germinar las semillas.

Especial para El País

Entre lo moderno y lo ancestral

Este es el primer invernadero cofinanciado por la ANT en el Valle del Cauca, además de 12 en el Cesar, La Guajira y Antioquia, cuyo objetivo es la producción de hortalizas y legumbres para 11 comunidades indígenas y una afrocolombiana.

A diferencia de estos, el de El Cerrito está pensado, además, para recuperar las prácticas ancestrales y contribuir a la pervivencia cultural del Consejo Comunitario.

La profesora Olivia Balanta es una de las personas que lidera la preservación de este patrimonio. Los fines de semana sube al arado con un grupo de niños y jóvenes para fortalecer los saberes y prácticas de las personas mayores; “se trabaja mucho el tejido social”, comenta la licenciada en Etnoeducación.

Una de sus acompañantes es Angie Vanessa Cambindo, quien tiene 23 años y dice que ha aprendido a no usar químicos en la siembra; “los rechazamos rotundamente, optamos por sembrar de modo orgánico, utilizando materiales que nos da nuestra naturaleza”.

Respecto a las prácticas modernas con el uso de tecnología, Wilson Rentería, quien es también uno de los líderes del proyecto, afirma que “es algo muy atractivo para que los niños se motiven a realizar actividades agrícolas, lo cual les permite mayores conocimientos. Para ellos todo ha sido fascinante, es muy emotivo verlos interactuar con la
naturaleza”.

Algunas formas de plantar sorprendieron a muchos, como a la ‘profe’ Balanta, quien asegura: “qué me iba a imaginar yo, a mis 52 años, que se podía cultivar también de manera vertical”, aludiendo a las plantas que prosperan dentro de varios tubos.

Y es que para ella, “gracias a Dios esta es una comunidad diversa, que proviene de distintas regiones y por ende tiene diferentes conocimientos, los cuales aportamos a los jóvenes para que prevalezcan, haciendo fusión con las nuevas tecnologías”.

Así se pasan los días en esta montaña vallecaucana, entre el olor fresco de la cebolla, el cilantro y el perejil.

No hay duda de que a través del trabajo en equipo no solo se cosechan habichuelas, pepinos y lechugas. También momentos significativos en comunidad que propician “un vínculo social muy agradable”, tal como lo percibe la educadora Balanta.

Agricultura El Cerrito

Mediante una aplicación móvil la comunidad maneja el sistema de riego del invernadero desde el celular. También lo pueden monitorear en la distancia.

Cortesía para El País

Cómo se pueden beneficiar

Para acceder al beneficio de una iniciativa comunitaria como un invernadero, por ejemplo, se debe presentar un oficio solicitando a la Dirección de Asuntos Étnicos de la Agencia Nacional de Tierras, la cofinanciación del proyecto.

Los interesados pueden solicitar más información sobre requisitos y demás, al correo electrónico: info@agenciadetierras.gov.co

El modelo del invernadero es tipo israelí; cuenta con tecnología en agricultura orgánica, manejo integrado de cultivos, conservación de suelos y semillas ancestrales.

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