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El cansancio físico y mental que se produce por no dormir bien, incide de manera significativa en el desempeño del niño en su diario vivir, pues puede presentar signos como desánimo, agotamiento, baja tolerancia a la frustración y un déficit en la memoria. | Foto: 123rf / El País

NIÑOS

Que no lo desvelen las alteraciones en el sueño de los niños

Esté alerta con los trastornos de sueño en los menores, pues pueden impactar su lenguaje y conducta, ya que tienen dificultades en la resolución de problemas cotidianos o fracaso escolar.

12 de diciembre de 2022 Por: Laura Sofía Lozano E., del Semillero de Periodismo UAO- El País

Esté alerta con los trastornos de sueño en los menores, pues pueden impactar su lenguaje y conducta, ya que tienen dificultades en la resolución de problemas cotidianos o fracaso escolar. Además, pueden provocar problemas de riesgo cardiovascular.

La primera infancia es definida por la Organización Panamericana de la Salud, OPS, como un período de rápido desarrollo que comprende desde el nacimiento hasta los 5 años, y una época en la que los modos de vida familiar pueden adaptarse para mejorar la salud.

Dentro de este periodo, el sueño y la adquisición de hábitos relacionados a este, son considerados factores fundamentales para el completo desarrollo de un niño en sus diferentes áreas. Hábitos que de no ser atendidos a tiempo, pueden, de alguna manera, contribuir a generar trastornos del sueño.

Mayo Clinic, entidad especializada en atención médica, investigación y educación, define los trastornos del sueño como alteraciones en la forma de dormir, las cuales pueden afectar la salud, seguridad y calidad de vida en general de un ser humano, además de aumentar el riesgo de adquirir otro tipo de problemas de salud.

Con el fin de identificar la prevalencia de los problemas de sueño en la población pediátrica del país, investigadores de la Universidad Javeriana de Bogotá, realizaron un estudio como parte del proyecto ‘Prevalencia y pruebas diagnósticas de los trastornos del sueño y su relación con el riesgo cardiovascular en Colombia a diferentes altitudes’, que les permitió recopilar diferentes datos relacionados a estos trastornos en niños.

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Al respecto, Álvaro Ruiz, profesor de Medicina Interna y Epidemiología Clínica en la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana explicó: “Nuestro grupo trabaja en investigación de trastornos de sueño desde hace más de diez años y con esta investigación se quería conocer la frecuencia de trastornos de sueño en niños y adultos, con datos que pudieran ser útiles para Colombia”.

Según Ruiz, dado que la altitud sobre el nivel del mar puede afectar el sueño, para el estudio se eligieron tres ciudades: una a nivel del mar, Santa Marta (6 msnm); una intermedia, Bucaramanga (954 msnm) y una de gran altitud, Bogotá (2640 msnm).

Además, se evaluó a un total de 1989 niños entre los 2 y 12 años, quienes representan un tercio de cada ciudad, junto a sus padres. De acuerdo con el investigador, la mitad de la población estudiada fue de sexo masculino; habitantes de estratos 1, 2 y 3, y estudiantes de escuelas que fueron seleccionadas al azar.

Por otro lado, en la investigación se menciona la importancia de los tratamientos tempranos para estos problemas del sueño, pues, de acuerdo con Ruiz, “hacemos énfasis en la importancia de educar a los padres y niños sobre una higiene apropiada del sueño, pues se debe estar atentos a los signos de alteraciones para buscar la corrección de las causas”.

Prevalencia de trastornos del sueño

Según datos arrojados por el estudio, se encontró una alta frecuencia de problemas de sueño en la población pediátrica, especialmente en altitudes más altas en comparación con entornos de menor altitud. Esta prevalencia global fue del 39,0 %, en donde cada ciudad estuvo identificada por un trastorno específico común.

De acuerdo Ruiz, los resultados se dieron de la siguiente manera:

  •  Los niños de Santa Marta (32%) fueron los que más tuvieron parasomnias (comportamientos anormales que ocurren durante el sueño), por ejemplo: terrores nocturnos, sonambulismo, pesadillas y parálisis del sueño, estas últimas, se presentan durante el periodo de transición entre el estado de sueño y el de vigilia, lo cual hace que una persona no pueda realizar movimientos voluntarios. Esto puede ocurrir en el momento de comenzar a dormir o en el de despertarse y suele acompañarse de una sensación de gran angustia e incluso, visiones.
  • Los niños de Bucaramanga presentaron más déficit de atención (4%) y más apneas: dejar de respirar durante el sueño por pocos segundos (5.7 %).
  • En Bogotá, los niños tuvieron la más alta frecuencia de trastornos de respiración en el sueño (17.2 %), es decir, por apneas centrales, dadas por un problema en el cerebro, y obstructivas, porque se cierra la entrada de aire en la garganta, y por hipoventilación, respiración más lenta y menos eficiente de lo necesario.

Hábitos de sueño en niños

En relación a estos problemas, Jenny León, coordinadora de la Especialización en Neuropsicología Escolar del Politécnico Grancolombiano, expresó que “el sueño y los hábitos que se tengan alrededor del mismo pueden impactar a nivel del desarrollo cognitivo, porque se debe tener en cuenta que en las noches se tienen espacios de recuperación y de descanso para el cerebro, lo que le permite al niño desarrollar sus funciones cognoscitivas”.

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Por su parte, María Alejandra Ayala, psicóloga clínica, explicó que “los malos hábitos adquiridos pueden impactar en la salud mental de los niños, ya que a través del buen sueño tenemos diversos procesos biológicos de gran importancia como la regulación metabólica, la consolidación de la memoria y la eliminación de sustancias. Por eso, es importante que los niños tengan una calidad en el sueño para que no haya alteraciones en las habilidades mentales, en la creatividad, cambios de humor o de ánimo”.

Los niños de Santa Marta (32%) fueron los que más tuvieron parasomnias (comportamientos anormales durante el sueño), como terrores nocturnos, sonambulismo, pesadillas y parálisis del sueño.

Sintomatología

Según León, los principales síntomas que son identificados en los niños son la irritabilidad, somnolencia, dificultad para concentrarse y la reducción en su capacidad atencional y cognitiva, las cuales se presentan ante un cerebro no reparado. También hizo énfasis en otros factores como las apneas del sueño, las cuales identificó como síntomas de alarma que deben ser atendidos.

Por otra parte, la psicóloga Ayala mencionó que el cansancio físico y mental que se produce por no dormir bien, incide de manera significativa en el desempeño del niño en su diario vivir, pues puede presentar signos como desánimo, agotamiento, baja tolerancia a la frustración y un déficit en la memoria.

Adicionalmente, se deben tener en cuenta otros factores que pueden producir estos trastornos del sueño y que pueden ser prevenibles o modificables. De acuerdo con el médico e investigador Álvaro Ruiz, “el sobrepeso influye mucho y es una causa frecuente de apneas y ronquido; puede haber crecimiento de amígdalas y adenoides, o alteraciones en la anatomía de la boca o de las vías respiratorias; puede haber factores llamados centrales, por problemas en los centros cerebrales de control de la respiración”.

En Bogotá, los niños tuvieron la más alta frecuencia de trastornos de respiración en el sueño (17.2 %), de acuerdo con el estudio desarrollado en la Universidad de Javeriana.

Tenga en cuenta 

Tanto la psicóloga María Alejandra Ayala, como la especialista en neuropsicología escolar, Jenny León, establecen como un punto en común la importancia de las horas del sueño, teniendo en cuenta las diferentes edades y momentos en los que se pueda encontrar el niño.
Un informe de la OPS asegura que el patrón de actividad general a lo largo de las 24 horas del día es clave, por tanto, hay que reemplazar los periodos prolongados en que los niños permanecen en actividades sedentarias por juegos más activos, velando al mismo tiempo porque tengan un sueño suficiente de buena calidad.

De acuerdo con la OPS, los niños menores de 1 año deben tener de 14 a 17 horas de sueño de buena calidad, incluidas las siestas; los niños de 1 a 2 años, de 11 a 14 horas de sueño, incluidas las siestas, con horarios regulares para dormirse y despertarse, y los niños de 3 a 4 años deben dormir de 10 a 13 horas, incluidas siestas y teniendo en cuenta horarios para acostarse y despertarse.

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Otro punto a tener en cuenta es la forma en la que los hábitos del sueño pueden incidir en la salud mental de los niños a corto y largo plazo. Según Ayala, “los síntomas mentales que se pueden generar a largo plazo en un niño con desorden del sueño pueden ser depresión y otras enfermedades neurológicas, además de impactar el lenguaje y las conductas, pues se evidencian dificultades en la resolución de problemas cotidianos o fracaso escolar”.

Recomendaciones 

El médico e investigador Álvaro Ruiz, la psicóloga clínica María Alejandra Ayala y la especialista en neuropsicología escolar, Jenny León, brindan una serie de recomendaciones, llamadas también higiene del sueño, con el fin de evitar este tipo de trastornos en la población infantil:

  1.  Establecer rutinas: los padres o cuidadores deben acompañar al niño y explicarle sobre la importancia de los rituales que se llevan a cabo antes de dormir, tales como: ponerse pijama, cepillarse los dientes e incluso, bañarse.
  2.  Definir horarios: teniendo en cuenta las edades de los niños, lo ideal es que existan horas fijas, con horarios que se respeten, para ir a la cama y para levantarse. Estos pueden ser diferentes en días de semana y fin de semana.
  3. Evitar el uso de pantallas: al menos una hora antes de ir a dormir, evitar que el niño tenga contacto con aparatos electrónicos, de esta manera se asegura el inicio del descanso del cerebro.
  4. Evitar el uso de bebidas estimulantes: no darles a los niños bebidas con alto contenido de azúcar antes de dormir con el fin de no desviar el sueño de estos.
  5. Verificar el contexto: como padres o cuidadores, deben velar para que el lugar en donde se lleva a cabo el descanso del niño sea apto y cómodo. Esto incluye evitar el calor excesivo en la habitación, tener una adecuada ventilación, poca luz y un ambiente que el niño perciba como seguro y cómodo.