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La terrible adicción en la que se convierte la pasión por el juego

Septiembre 13, 2020 - 02:19 p. m. Por:
Meryt Montiel Lugo, editora del Equipo de Domingo
Juegos de azar

Hay subgrupos de ludópatas: los que no consumen o no abusan del licor o de las drogas; otros que sí; unos más pueden presentar trastornos neuróticos y otros, rasgos psicopáticos y conductas como hurtos, pero solo por querer violar normas.

Istock / El País

El domingo pasado se conoció la noticia de un profesor en Tunja que, al parecer, envenenó a su esposa, a sus dos hijos, de 9 y 6 años, y a su propia madre. Y después, se suicidó.

Según investigaciones preliminares de las autoridades, familiares de las víctimas habrían revelado que el docente tenía problemas económicos y familiares a raíz de una adicción a los juegos de azar, situación que lo podría haber llevado a planear el asesinato de toda su familia y acabar con su propia vida.

Ese es un caso extremo de lo que puede desencadenar la ludopatía: “una adicción conductual que tienen algunas personas, dirigida a los juegos y apuestas hasta tal punto de traer consecuencias negativas en su trabajo, relaciones, salud mental y otros aspectos de la vida”, tal como lo explica Ángela María Trujillo, doctora en psicología clínica y de la salud, docente de la Universidad de la Sabana.

La profesional agrega que “la subida o ‘traba’ que se consigue con sustancias químicas como la marihuana, se obtiene a través de la atmósfera social del casino o el sitio de carreras o el bingo, así como la misma excitación que genera el riesgo”.

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Los especialista consultados por El País aseguran que son varios los tipos de factores los que influyen para desarrollar este trastorno.

De acuerdo con José Ignacio Ruiz Pérez, profesor asociado del Departamento de Psicología de la Universidad Nacional, algunos estudios demuestran que hay una relación entre ciertos tipos de genes con una mayor probabilidad de desarrollar conductas adictivas como el juego patológico. También, comenta, hay ciertas características de personalidad como la búsqueda de emociones y que la falta de otro tipo de actividades de ocio pueden llevar a inmiscuirse a una persona más y más en esta adicción. También, el diseño del ambiente de los lugares de juegos (sin relojes, sin ventanas para no notar el paso del tiempo), la desmedida atención brindándoles licor o comida a los jugadores, e inclusive, el sonido de las máquinas, los estimulan a mantenerse jugando por mucho tiempo.

Existen diferentes factores que propician vulnerabilidad en el individuo y favorecen el juego adictivo, interviene la psicóloga Rosa Inés Posada, docente de la Fundación Universitaria del Área Andina, que incluyen tanto aspectos neurofisiológicos, que pueden ser ciertas carencias o el déficit de neurotransmisores como la dopamina (importante para la expresión de las emociones), pero también rasgos de personalidad, como la elevada tendencia a la efusividad.

Adicionalmente, comenta Posada, están factores cognitivos: el individuo genera distorsiones cognitivas, creencias irracionales, erróneas, en su búsqueda de soluciones inmediatas para suplir una necesidad.

Por ejemplo, toma el dinero que tenía para pagar los recibos de agua y luz para apostar y poder pagar una deuda y a pesar de que pierda, siempre tiene la creencia que va a ganar. Y se vuelve supersticioso: si el del lado ganó en el tragamonedas cree que esa es una señal de que él pronto también ganará.

Hay otros aspectos como compartir factores de riesgo con otras conductas problema como el consumo de sustancias psicoactivas, por lo tanto, agrega Trujillo, temas como el conflicto familiar, la falta de normas, la necesidad de pertenecer a un grupo, pueden aumentar de forma exponencial la probabilidad de desarrollar esta adicción.

Hay que estar alertas

Hay varios síntomas que pueden alertar sobre el también llamado trastorno del juego. De acuerdo con los especialistas consultados algunos de estos son:

  • La persona se involucra en muchas actividades de apuestas: juegos de azar (que también hallan en internet), loterías, chances, carreras o peleas de animales o de cualquier cosa; apuesta a los resultados de cualquier evento.

  • Juega compulsivamente: jugar es el único estado que le genera satisfacción, placer, así sea en estados momentáneos.

  • No tiene dimensión en cuanto a la cuantía que apuesta, invierte lo que sea porque para él siempre va a ser mayor lo que ganará, independientemente de que la pérdida supere la expectativa de ganancia. No tiene conciencia clara de su realidad por esa búsqueda de ganar.

  • Su estado de ánimo se altera cuando se le dice que ya no siga con esa conducta, que ya gastó mucho; experimenta frustración por la pérdida, que lo lleva a un estado de malestar, pero aun conociendo las graves consecuencia a nivel físico, de ruptura familiar o económico, no tiene la capacidad de controlarse ni poner límites. Hace intentos fallidos para detenerse, pero no lo logra y todo esto empieza a afectar su cotidianidad y relaciones interpersonales.
Consecuencias

El ludópata abandona otras actividades: disminuye su desempeño académico o laboral; incumple horarios en el trabajo; empieza a pedir préstamos a varios familiares y amigos, se demora y se justifica para devolver los préstamos o no los devuelve; se vuelve irritable por la acumulación de deudas que trata de mantener en secreto. Tiene menos paciencia cuando lo interrogan acerca de si le pasa algo o bien lo niega o puede reaccionar con frase como ‘no te metas en mi vida’, ‘yo sé lo que hago’. Lleva a cabo actividades ilegales como robar o hacer fraude con el fin de conseguir dinero para apuestas o pagar deudas.

Esta patología se suele diagnosticar cuando sus consecuencias afecta a la familia, pues la persona suele negarla.

“Hay unos criterios diagnósticos que debe cumplir la persona para ser diagnosticada con ludopatía. Algunos ejemplos son: piensa constantemente en las apuestas, ha intentado detenerse, pero no lo logra, está de mal humor cuando intenta parar, miente sobre el juego”, asegura la doctora Angela Trujillo.

Tratamiento

Es importante el acompañamiento profesional no solo al ludópata sino a su familia, expresa la psicóloga Rosa Inés Posada, para que todos sus miembros comprendan que no es momento para reproches ni culpas, sino de necesidad de atención, para ser todos parte de la solución, de lo contrario, es mucho más difícil para un cambio favorable, sobre todo, a largo plazo.

La doctora Ángela María Trujillo explica que el tratamiento psicológico suele centrarse en la terapia individual o grupal cognitivo-conductual, en la que se trabaja sobre creencias erróneas y procesamiento de información sesgado, así como el trabajo sobre el aprendizaje de conductas desadaptativas. Se suele trabajar sobre distorsiones cognitivas, toma de decisiones, recompensas y manejo de respuestas fisiológicas y psicológicas asociadas al juego patológico. Se entrena al paciente en correcciones cognitivas, resolución de problemas, habilidades sociales y prevención de recaídas.

Existe farmacoterapia que incluye medicinas que ayudan a controlar la sensación de necesidad de jugar y se utilizan antidepresivos y estabilizadores del ánimo según el caso.

Estudio

Un estudio en Colombia de los docentes José Ruiz y Enrique Echeburúa (2017) entre población adolescente y universitaria, encontró que “algo más del 19 % de los sujetos podría presentar serios problemas de adicción a los juegos de azar y el 13.7 %, algún riesgo”.

En cuanto a los efectos directos sobre los niveles de ludopatía se encontró que “los hombres, las personas más jóvenes o de clase social más baja presentan mayores tasas de posibles jugadores patológicos”.

El 29.8 % de los hombres y el 13.6 % de las mujeres del estudio “podrían presentar problemas serios de adicción al juego”.

Para el segmento de 13 a 18 años la prevalencia de posibles problemas con los juegos de azar fue de 35.3 % para los varones y del 16.4 % para las mujeres.

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