¿El que es bueno en el baile es bueno en la cama?

La leyenda urbana dice que sí. Que los grandes bailarines son grandes amantes. ¿Qué tanto hay de cierto en ello?

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18 de dic de 2016, 12:00 a. m.

Actualizado el 17 de abr de 2023, 04:43 p. m.

La leyenda urbana dice que sí. Que los grandes bailarines son grandes amantes. ¿Qué tanto hay de cierto en ello?

La frase se puede oír en la discoteca, en el pequeño bar en el que suena una salsa, en una reunión entre amigos en  la fiesta de fin de año, en una fiesta familiar. La frase se ha convertido en casi un cliché, en un mito, en un punto de referencia banalizado: “Quien es buen bailarín, también es bueno en la cama”.

El mito no es exclusivo de Colombia, por supuesto: “Baila bien, garcha bien”, dirían los argentinos.  

El meollo del asunto es que algunas creencias populares no suelen estar diseñadas para soportar el más mínimo análisis ¿Es cierto que el que baila bien es mejor amante? O, al menos, ¿es cierto que ellas y ellos prefieren a los buenos bailarines?

Habría que remitirse a la historia e incluso a la antropología para tratar de contestar. 

Los antropólogos han coincidido en que el baile, como rasgo cultural, ha estado siempre asociado a una búsqueda de placer tanto individual como colectiva, así como a la celebración, a la expresión de alegría. Para un caleño acostumbrado al sonido de la campana, de la clave, acostumbrado al “azote de baldosa” cada fin de semana, esa afirmación constituye nada más que una obviedad. 

Por supuesto, la cosa no es tan obvia para los eruditos que tienen en cuenta que en culturas como la griega, el baile también se asociaba a los ritos fúnebres, a las tragedias y a la tristeza.  

Según la antropóloga estadounidense Peterson Royce, hay una característica particular que distingue el hecho de bailar de cualquier otra expresión del cuerpo y es lo que ella llama inteligencia corporal. ¿Qué es?

Bueno, nada más que la capacidad de hacer con el cuerpo todo lo que la mente desee: movimientos de cadera, de cintura, de piernas, de brazos: coreografías. 

Para un caleño esta otra afirmación también podría ser una obviedad: para un caleño, dice el bailarín profesional Ricardo Murillo, bailar no es solo realizar un conjunto de movimientos  al ritmo de la música. No, “para un caleño bailar es llevar las cosas al extremo, es inventar movimientos, es hacer algo que nunca se ha hecho. Para nosotros el baile es algo que se comunica desde la casa, algo que aprendemos de nuestros padres, una costumbre familiar y por eso nos encanta y desde pequeños aprendemos muy bien a bailar”. Es decir, los caleños en general, suelen tener una ‘inteligencia corporal’ alta. 

“El buen sexo no depende  ni de los tamaños ni de los movimientos, sino del entendimiento en pareja, y ahí el baile no tiene nada que ver. Lamento decepcionar a los caleños”.

Flavia Dos Santos, Sexóloga.

Pues bien, para la pionera de la industria porno colombiana, Andrea García, es justamente esta característica de los caleños la que demuestra que un buen bailarín es un mejor amante.  

El argumento de García es el movimiento del cuerpo. “El sexo es un asunto ante todo de entendimiento entre dos personas y de movimiento del cuerpo, no tanto de tamaños, como dicen algunos. Y bailes como la salsa, por ejemplo, son exactamente lo mismo: un baile en el que hay compenetración entre los que bailan y en el que, como en todo baile, se requiere saber mover muy bien el cuerpo”.

El profesor de la escuela de Comunicación Social de Univalle y autor del libro ‘La Salsa en Cali’, Alejando Ulloa, concuerda en que los caleños sí tienen una relación diferente con el cuerpo debido, precisamente, al baile. 

“En Medellín, por ejemplo, históricamente la gente se reúne más a tomar alcohol y menos a bailar. En Cali, en cambio, el baile hace parte necesaria de las fiestas: los caleños somos más dados a los movimientos corporales”. 

Pero esos movimientos, advierte el académico, están además impregnados de un fuerte sentido erótico. “Ese elemento no está presente en todos los bailes, pero sí en la salsa, en los ritmos afrocubanos o en la samba. Estos ritmos incitan al cuerpo a moverse y  tienen una dosis de erotismo, entendido este como una incitación al placer sexual y amoroso”. 

Si se sigue el razonamiento de Ulloa, sería inevitable concluir entonces que los buenos bailarines sí pueden resultar más atractivos a las personas del sexo opuesto en tanto sus movimientos corporales están impregnados de un cierto erotismo.

El bailarín profesional Ricardo Murillo, le agrega a esta característica el hecho de que el baile es “como un idioma universal que te permite conectarte con cualquier persona y que, por tanto, facilita la posibilidad de entablar una relación”. 

Ahora bien, erotismo no es un término intercambiable con sexualidad, y ser sexy no equivale a ser un buen amante... Es decir, aunque un buen bailarín  sí pueda resultar más atractivo debido al erotismo propio del baile, eso no implica necesariamente que sea un buen amante. 

Al menos eso es lo que sostiene la gurú del sexo Flavia Dos Santos para quien definitivamente no hay una relación entre el buen baile y el buen sexo. “Sí, yo entiendo que los caleños que son tan buenos bailarines quieran creer que eso es ciero. Pero lamento informarles que no es así. Es un mito urbano, porque no hay relación entre saber mover el cuerpo y ser un buen amante. La cosa va por otro lado”, dice Dos Santos.

De acuerdo con la sexóloga, en lo que tiene que ver con el sexo lo que importa, ante todo, son las coincidencias entre las personas. Lo que se conoce como ‘compatibilidad de caracteres’ o con la ‘química’ entre parejas.  “El buen sexo no depende tanto ni de los tamaños ni de los movimientos, sino del entendimiento en pareja  y ahí el baile no tiene nada que ver. Lamento decepcionar a los caleños”.

Sería absurdo pensar que no hay buenos amantes en países donde el baile caliente no es una prioridad. En últimas, el sexo es comunicación: hay buenos bailarines que no se comunican en la cama pues son egoístas y solo les importa su placer y no el de su pareja. Y habrá otros callados, que permanezcan más en la silla que en la pista de baile, y que den la gran sorpresa en la cama.

Dicen los científicos

Un equipo de investigadores de las universidades de Northumbria (Reino Unido)  y Gottingen (Alemania) sostiene haber descurbierto  cuál es la coreografía que más atrae a las mujeres. Los científicos europeos pidieron a 30 hombres que bailaran durante 30 segundos a su libre albedrío y grabaron todos sus pasos mediante un complejo sistema de captura de movimientos.  Las 30 coreografías fueron utilizadas para hacer una animación digital. Las mujeres dieron mayores puntajes  a los bailarines que muestran movimientos más amplios y variados de cabeza, cuello y torso.Los movimientos de los brazos, dicen los científicos, no tienen mayor importancia. 

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