Política

Así quedaría el mapa político en el nuevo Congreso que se instalará este lunes

Reforzando la fragmentación que enfrenta el país, oficialismo y oposición llegarían con cuentas cercanas en el Legislativo, a disputarse cada votación. Silla de independientes quedaría vacía.

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El Capitolio Nacional de Colombia, sede del Congreso. (Colprensa - Álvaro Tavera)
Este 20 de julio se instalará el nuevo Congreso de la República, que acompañará el mandato del presidente Abelardo de la Espriella. | Foto: Álvaro Tavera

20 de jul de 2026, 02:20 a. m.

Actualizado el 20 de jul de 2026, 02:20 a. m.

Con el Congreso renovado y un panorama político cada vez más fragmentado, este 20 de julio la atención se centrará en el pulso de poder que se dará en el Legislativo, desde donde las bancadas deberán distribuirse entre oficialismo, independencia y oposición.

Este reacomodo de ‘fichas’, esencial para el nuevo Gobierno Nacional, marcará el destino de los proyectos que impulse el presidente Abelardo de la Espriella y pondrá a prueba las capacidades de la oposición en la defensa de sus iniciativas.

Hasta el momento, los partidos que se han declarado parte de la bancada de gobierno son el Centro Democrático, Cambio Radical, la U, Creemos y Salvación Nacional.

Aunque aún no hay un pronunciamiento oficial de las directivas de algunas colectividades, se puede esperar que ese bloque también cuente con los apoyos del Conservador, Liberal, y la coalición Ahora Colombia, conformada por el Nuevo Liberalismo, Dignidad y Compromiso, y Mira.

En la oposición está el Pacto Histórico, que además es la bancada mayoritaria, y se espera que Alianza Verde se le una, debido al apoyo ofrecido en campaña al candidato de ese partido, así como las curules indígenas y de negritudes.

La casilla para los declarados en independencia sigue vacía, a la espera de que alguna colectividad decida ocuparla.

Salón Elíptico del Congreso de la Republica (Colprensa - Cristian Bayona).
Salón Elíptico del Congreso de la Republica (Colprensa - Cristian Bayona). | Foto: Cristian Bayona

La politóloga Nury Gómez indica que esa composición de grupos produce tres efectos:

“Primero, el Presidente electo no contará con mayoría automática en ambas cámaras. Segundo, los partidos tradicionales y de centro conservan poder de arbitraje, porque pueden inclinar la balanza de cada votación relevante. Tercero, la oposición al Gobierno de turno tendrá siempre capacidad real de coordinación legislativa, incluso si no controla por sí sola las mayorías absolutas”, analiza.

De acuerdo con ella, Juan Nicolás Garzón, docente de Ciencia Política de la Universidad de La Sabana, menciona que si bien la nueva Administración entrará con viento a favor, “por primera vez en la historia vamos a tener una oposición de izquierda nutrida, con un partido cohesionado, con representatividad en el Senado con 25 curules, más la de Iván Cepeda”.

Resalta que, si bien la voz de la oposición no tendrá mayorías, la labor del Legislativo no se reduce a votar proyectos del Ejecutivo ni a impulsar iniciativas, sino que también recae entre sus tareas el control político.

“Cuando se tiene un número de congresistas grande en la oposición, esa labor de control político puede ser más efectiva y creo que en esta ocasión el Pacto Histórico tiene la oportunidad de tener un rol importante”, comenta el docente.

Sobre las cuentas con las que queda De la Espriella, Gómez agrega que “el Presidente electo se ubicaría más cerca de la mediana ideológica del Congreso, sobre todo en la Cámara, donde las bancadas tradicionales pueden inclinarse hacia un proyecto político de orden, seguridad y control del gasto. En ese contexto, Abelardo tiene más facilidad relativa para formar una coalición con el Centro Democrático, los conservadores, sectores de la U, Cambio Radical y fuerzas emergentes de derecha o centroderecha. Pero en política hay que conciliar intereses, no amistades ni ideologías”.

Esa unión de los partidos a favor del Gobierno, según Alejandro Sánchez, director del programa de Ciencia Política de la Universidad Javeriana Cali, le va a proveer a De la Espriella la base de gobernabilidad que no tiene, debido a que llega al poder sin partido.

Advierte que, además, “uno de los grandes cohesionadores de ese grupo de colectividades va a ser el temor a que en cuatro años vuelva la izquierda a la Casa de Nariño” y opina que en esa coalición también va a estar el Partido Verde, que tal vez se declare en independencia u oposición, pero con el que el Ejecutivo tendrá que negociar uno a uno, y quizás algo parecido ocurra con los liberales.

Apertura de la Plaza Núñez para todos los ciudadanos de Colombia.
Apertura de la Plaza Núñez para todos los ciudadanos de Colombia. | Foto: Mariano Vimos

Las cuentas

De acuerdo con los números de los partidos, de 103 senadores, la bancada oficialista tendría 17 curules del Centro Democrático, 13 del Liberal, 10 del Conservador, 8 de la U, 7 de Cambio Radical en coalición con Alma, 5 de Ahora Colombia y 4 de Salvación Nacional: un total de 64 senadores.

En la Cámara, el Gobierno tendría 28 representantes liberales, 28 del Centro Democrático, 18 conservadores, 12 de la U, 10 de Cambio Radical, 1 de la coalición Ahora Colombia y 1 de Salvación Nacional.

Además, se le deben sumar los apoyos de partidos pequeños de derecha, como las dos curules de Creemos, una de Liga de Gobernantes y algunos de otros movimientos. Es decir que, de 161 curules, más de 101 sillas serían oficialistas.

Por el lado de la oposición, en Senado sumaría 26 del Pacto Histórico, 11 de la coalición Alianza por la Vida (Verde, En Marcha, Demócrata, Colombia Renaciente y ASI) y 2 de los indígenas: tendría 39 curules.

En la Cámara, el Pacto Histórico tiene 37 curules, 9 de Alianza Verde, 2 de ASI. Además de movimientos más pequeños que lograron sacar de a una, lo que significa que la oposición tendría más de 50 curules.

Sin embargo, se debe tener en cuenta que esos números, tanto del oficialismo como de la oposición, no son inalterables, ya que, como ocurrió en la legislatura pasada, los partidos rara vez votan en bloque.

En ese sentido, la politóloga Gómez indica que en un escenario más conservador, el Gobierno tendría una base importante pero insuficiente para controlar el Congreso.

Congreso de la República
Congreso de la República | Foto: Colprensa

“Los rangos de 50 a 54 curules en Senado y de 85 a 95 en Cámara obligarían a negociar cada proyecto con partidos bisagra, congresistas independientes o bancadas regionales. La aprobación de leyes ordinarias sería posible, aunque más lenta, costosa e incierta. Las reformas estructurales tendrían pocas posibilidades de avanzar sin modificaciones profundas. La gobernabilidad dependería de acuerdos puntuales, lo que aumentaría el poder de negociación de pequeños partidos y congresistas individuales”, dice.

Sánchez considera que el Gobierno entrante sí tendrá las mayorías suficientes para avanzar el primer año de su mandato: “La bancada de Gobierno siempre tendrá fracturas y tensiones, pero no es tan fácil, por ejemplo, para un congresista de Cambio Radical o del Centro Democrático negociar con el Pacto Histórico para bloquear alguna iniciativa gubernamental”.

Lo que podría dañar esa relación Ejecutivo-Legislativo, anota Garzón, “es que los partidos no encuentren representación e interlocución en el Gobierno. Esa labor del ministro del Interior es clave y Rodrigo Lara tiene todas las capacidades, la experiencia por su recorrido como congresista, para hacerlo. Él es alguien que tiene cierto reconocimiento y es respetado, entonces eso puede jugarle a favor a la nueva Administración”.

Recuerda que al principio del Gobierno saliente ese factor funcionó muy bien, pero pocos meses después el presidente Petro dañó esa relación.

Sobre la oposición, Gómez menciona que la mejor opción para Iván Cepeda, como líder de esa corriente en el Senado, sería “formar una coalición de centroizquierda ampliada con sectores liberales, parte de La U, fracciones de la Alianza por Colombia y apoyos temáticos de bancadas territoriales”.

“Aun así, esa coalición sería defensiva y más inestable que la del Gobierno, porque exigiría moderar la agenda progresista, administrar el desgaste del Gobierno saliente y ofrecer señales de pragmatismo institucional. La posición actual de la oposición muestra un posible estilo de ‘deadlock’ (parálisis legislativa) clásico del presidencialismo, ya que estaría ejerciendo bloqueo directo para los proyectos del Presidente entrante y no un gobierno paralelo, porque no cuenta con institucionalidad suficiente para gobernar en las sombras”, añade.

Comunicadora social y periodista egresada de la Universidad Santiago de Cali, con diplomado en Comunicación Política. Escribo sobre política local, nacional e internacional.

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