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Julio 09, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

“El coronavirus es más fantasía”; “Es una simple gripita”; “Es como la lluvia, moja pero no ahoga”; “No se propaga en clima cálido como el nuestro”; “¿Qué quieres que haga (con los muertos)? Soy un mesías, pero no hago milagros”.

Durante cuatro meses el presidente de Brasil, Jair Bolsonaro, ha manifestado su incredulidad frente al Covid-19.

Ha minimizado sus efectos, desestimado el número de contagiados y fallecidos por el virus, retado las disposiciones de aislamiento y cualquier medida que fuera necesaria para proteger a los ciudadanos.

Ahora, Bolsonaro tiene que enfrentarse a la enfermedad, de la que esta semana confirmó ser positivo, y esperar las consecuencias que pueda tener en su salud.

El presidente del Brasil hace parte ya de las estadísticas de su país, el segundo con mayor número de contagios por covid, apenas superado por los Estados Unidos, y que hasta ayer sumaba 1,7 millones de casos, 69.000 fallecidos y una tasa de 44.500 nuevos contaminados por día.

El mandatario brasileño sabe ahora, de la peor forma posible, que el virus es real y que no se le hace frente con discursos populistas ni negando su existencia o ridiculizando sus alcances.

La pregunta para Bolsonaro es si no hubiera sido mejor y con consecuencias menos graves para la economía y la sociedad, haber atendido desde el principio las recomendaciones sanitarias, seguido los lineamientos para hacerle frente al Covid-19 y que él como su presidente se hubiera comportado como el líder que necesitaba su nación.

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