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Venezuela, en venta

Octubre 11, 2020 - 11:55 p. m. Por: Editorial .

Atraer como sea el capital que sea sin importar su origen o su capacidad de generar progreso. Es la nueva y desesperada estrategia de la dictadura en Venezuela, que implica desconocer la doctrina de Hugo Chávez sobre la destrucción de la propiedad privada, devolver las expropiadas si es del caso y borrar las leyes, sentencias o decisiones que se opongan.

La maniobra la han denominado ‘ley antibloqueo’. Expedida por esa Asamblea Constituyente que el régimen creó hace tres años para contrarrestar y anular a la Asamblea Nacional de mayoría opositora elegida en el 2015, es la última y más importante herramienta entregada al dictador para sostener las ruinas de su poder y de su nación.

Con esa medida en el bolsillo, Maduro puede anular las leyes y suspender las disposiciones de la Constitución ideada y expedida por el fundador de la fracasada revolución bolivariana. Ello implica ofrecer al capitalismo que quiera invertir en Venezuela, o regresar si fuera del caso, las condiciones que sean necesarias para atraer los recursos que necesita con desespero la dictadura. Lo cual le otorga la posibilidad de crear leyes, de modificarlas, de cambiar o suspender las sentencias e incluso de devolverles los bienes y los negocios a quienes fueron expropiados en aplicación del comunismo que implantó el excoronel golpista.

Por supuesto, los primeros beneficiarios de la maroma serán los validos del régimen que ven en eso la oportunidad de lavar toda clase de capitales venidos del narcotráfico, surgidos del terrorismo y provenientes de países como Irán y de organizaciones como Hezbollah.
Una gigantesca subasta dirigida por una sola persona, Nicolás Maduro, a quien le han entregado poderes sin límites y nunca imaginados.

La justificación que dan a la maniobra es la necesidad de romper el bloqueo económico impuesto por los Estados Unidos, y las dificultades para encontrar recursos que permitan la supervivencia de la tiranía.
Pero la respuesta ya empezó desde las mismas organizaciones chavistas que respaldan el régimen y ven en ella el desconocimiento de la Constitución creada por su jefe, de su legado y de los principios que les dejó Chávez.

Entre tanto, la industria petrolera venezolana, otrora una de las más modernas y poderosas del mundo, naufraga sin remedio, incapaz de extraer el oro negro, de producir la gasolina o el gas que necesitan los venezolanos. Sin energía, sin agua potable incluso en Caracas, antes una de las capitales más prósperas de América, sin servicio de salud o seguridad, los venezolanos atraviesan la peor época de su historia, al punto en que se calcula que por lo menos el 75% de la población aguanta hambre a pesar de tener la reserva de petróleo más grande del planeta.

A cambio, lo que reciben es  la frustración y la retórica incendiaria y gastada de Maduro y sus generales contra Colombia. Y se preparan para las elecciones de diciembre que renovarán la Asamblea Nacional y en las cuales la dictadura usará la ley que acabó con cualquier vestigio de legalidad, para apoderarse de ella.

Por lo pronto, la patria del libertador Simón Bolívar está a la venta.

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