Editorial
Reconstruir y aprender
¿Está Cali preparada para responder ante otro desastre de esta magnitud?
Siga a EL PAÍS en Google Discover y no se pierda las últimas noticias
11 de oct de 2026, 12:17 a. m.
Actualizado el 11 de oct de 2026, 12:17 a. m.
Este 10 de octubre se cumplen dos meses del terremoto que sacudió a Cali y dejó 154 muertos. La ciudad avanza en la atención de la emergencia, pero la reconstrucción apenas comienza. Es necesario acelerar las ayudas a los damnificados, recuperar las edificaciones afectadas y preparar a Cali para responder mejor ante un desastre de esta magnitud. Dos meses después, el terremoto aún no termina para los caleños.
La primera obligación de una ciudad después de una tragedia es atender a sus víctimas. En ese aspecto hay avances que deben reconocerse. Según el más reciente balance de la Alcaldía, cerca de 9000 familias ya recibieron auxilios económicos, de un primer corte en el que fueron autorizados 10.000 desembolsos. También se han desplegado equipos técnicos para evaluar las edificaciones afectadas y se iniciaron las primeras demoliciones de estructuras que presentaban riesgo, como el motel Molino Rojo, en la Autopista Sur, y el edificio Corpus, en la Calle Novena.
Son pasos necesarios en una tarea compleja, que exige coordinación institucional, rigor técnico y sensibilidad frente al dolor de quienes lo perdieron todo. El alcalde Alejandro Eder aseguró que espera que las primeras obras de reconstrucción de los edificios colapsados comiencen en diciembre. Es una meta importante que debe traducirse en hechos concretos y verificables por la ciudadanía.
Las cifras también muestran la dimensión de lo que falta. De las 14.000 edificaciones previstas para evaluación, los ingenieros han visitado poco más de 4000. Es decir, la mayor parte de esa tarea está pendiente. Además, 60 estructuras han sido identificadas para demolición y solo tres habían sido derribadas, según el último balance. Otras edificaciones permanecen bajo evaluación, mientras las autoridades deben establecer cuáles pueden recuperarse, cuáles necesitan reforzamientos y cuáles no ofrecen condiciones para ser habitadas.
La reconstrucción no puede reducirse a levantar de nuevo lo que se cayó. El terremoto dejó una pregunta que Cali no debe aplazar: ¿está preparada para responder ante otro desastre de esta magnitud? La experiencia del 10 de agosto debe llevar a construir un protocolo de actuación que establezca con claridad las responsabilidades de cada organismo, los mecanismos de coordinación, las rutas de evacuación, la atención de los heridos, la instalación de albergues y la comunicación con la ciudadanía en caso de un nuevo terremoto. La respuesta ante una emergencia no puede depender de la improvisación ni de la capacidad de reacción de cada institución por separado.
En esa preparación hay una deuda adicional con los organismos de socorro. La ciudad necesita fortalecer su capacidad de búsqueda y rescate urbano con tecnología especializada para localizar sobrevivientes entre los escombros.
Equipos de detección de señales vitales, cámaras de búsqueda, sensores acústicos y herramientas para inspeccionar espacios confinados pueden complementar la experiencia de los rescatistas. En una emergencia, la tecnología no reemplaza a las personas, pero les da mejores herramientas para salvar vidas.
Otro frente inaplazable es la seguridad de las edificaciones. Los daños revelados por el terremoto obligan a revisar las condiciones de los inmuebles afectados y a determinar, mediante estudios técnicos, cuáles requieren reparación, reforzamiento estructural o demolición, en especial en zonas de interés para la evaluación del riesgo sísmico, como el cono de Cañaveralejo.
El desafío es enorme en una ciudad que debe convivir con su amenaza sísmica. Cali necesita fortalecer sus mecanismos de inspección, promover la revisión de las construcciones vulnerables y mejorar la información que tienen propietarios, administradores y residentes sobre el estado de sus inmuebles. La seguridad estructural no es un asunto que deba quedar exclusivamente en manos de quienes construyen o administran los edificios: es una responsabilidad que compromete a las autoridades y a toda la sociedad.
La reconstrucción tampoco puede limitarse a los edificios. Las familias damnificadas necesitan recuperar la tranquilidad de tener un hogar seguro, mientras comerciantes y trabajadores de las zonas afectadas requieren condiciones para reactivar sus actividades. Las ayudas económicas deben llegar a quienes todavía las esperan y las instituciones tienen que explicar con claridad cómo avanzarán ese proceso. La recuperación de Cali también se medirá por la capacidad de devolverles a esas personas sus condiciones de vida y sus fuentes de ingresos.
El terremoto del 10 de agosto dejó una herida profunda en Cali. Que esa herida no se cierre en falso depende de lo que se haga a partir de ahora. Reconstruir es indispensable, pero aprender, prevenir y estar preparados es la única manera de que el próximo temblor no nos encuentre repitiendo las mismas preguntas.
6024455000





