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Una voz de Providencia

Noviembre 22, 2020 - 11:40 p. m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Caleña, Clara Ramírez Barbosa tiene otro orgullo: es providenciana. Así lo dictan las actas de nacimiento de Malcom, su esposo, y de su hija, Martina del Mar, oriundos de ese paraíso, presa reciente de la violencia del paso del huracán Iota. Me he permitido invitar a Clara, (periodista y quien trabajó en esta casa editorial) para que exprese lo que considera en este momento tan difícil para los suyos, al final, todos cuantos viven en Providencia y en el Archipiélago, colombianos que necesitan hoy de nuestro apoyo. Gracias, Clara.

Providencia en mi corazón
Quizá sean pocas las personas que cuando piensen en el paraíso no se imaginen una isla rodeada de un mar con todas las tonalidades del azul, paisajes inigualables, una exquisita cocina local y gente que nos recibe con fraternidad.

Esa es Providencia, porque no me atrevo a decir que era, no se perderá por más que el despiadado Iota la haya dejado en escombros. Allí, en medio de tanto dolor, pero también del milagro que significa que se haya salvado la vida de casi todos sus habitantes, está el germen que volverá a hacer surgir con más fuerza a ese tesoro que tiene Colombia en el Caribe, porque es el corazón de los providencianos el que la hace uno de los mejores lugares para conocer en el mundo y ese sigue intacto.

Y lo digo con conocimiento de causa porque hace 10 años me casé con un raizal, Malcon Barker, y tenemos una hija isleña - caleña de cinco años, Martina del Mar, en cuyos ojos y hermoso espíritu de niña feliz veo todos los días por qué es tan valiosa para los colombianos la gente de Providencia y por qué la reconstrucción de su isla debe ser un propósito nacional, pero como si se estuviera reparando la más delicada porcelana.

Providencia es de Colombia, pero sobre todo es de los providencianos y son ellos, personas con un gran amor por su cultura, su forma de vida, su tierra y su mar, los que mejor saben cómo debe ser ese camino hacia adelante.

Y lo saben porque han tenido la valentía (liderados por la gran veedora Josefina Huffington) de defender su tierra de grandes proyectos hoteleros, de la supuesta ‘urgente’ ampliación de la pista del aeropuerto y de otras iniciativas destinadas a ‘llevar progreso’, pero que hubiesen sido funestos para el frágil equilibrio de la isla.

Por eso la decisión del presidente Iván Duque de que Providencia se va a reconstruir con la gente raizal es acertada, como la de Susana Correa, nombrada gerente para la Reconstrucción, cuando afirma que no habrá evacuación de los habitantes de la isla. Ojalá se cumpla con ello. Solo así, con respeto por los nativos y contando con ellos se podrá comenzar a revertir un abandono de años en materia de necesidades básicas tales como salud, servicios públicos y vivienda digna, causadas también por la corrupción.

Los providencianos son personas sencillas, pero con una sabiduría y solidaridad legada por sus ancestros. Tan pronto iniciaron los vuelos humanitarios a Bogotá, mi esposo tuvo la oportunidad de volver en uno de ellos, pero no lo hizo. “Me tengo que quedar a ayudar”, me dijo entre lágrimas, en las pocas palabras que hemos podido intercambiar, pese a que todo lo que habíamos construido con propias manos y con tanto esfuerzo se perdió.

Los caleños tenemos una relación muy especial con San Andrés y Providencia, casi simbiótica. Amamos y respetamos esa tierra como si fuera nuestra. He recibido muchas llamadas de mi familia, amigos y amigas, colegas, compañeros de trabajo, entre otros, que me preguntan cómo pueden ayudar a Providencia y ya lo están haciendo. Ojalá muchos más se sumen. Gracias a todos. Y gracias por la cesión de este espacio, porque tras varios días de la más terrible angustia, doy gracias a Dios de que mi familia en la isla esté bien y que al escucharlos sé que, si bien no será nada fácil, todos saldremos adelante, sin dejar de conservar ese espíritu hermoso que ellos nos enseñan. ¡One love Providencia y Santa Catalina!

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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