Reyes y Molano

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Reyes y Molano

Abril 11, 2021 - 11:40 p. m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Me cuentan que Diego Molano, ministro de Defensa, le dijo a la revista ‘Bocas’ que Rafael Reyes Prieto es el mejor presidente que ha tenido Colombia.

Resulta interesante que se atreva a apostar por él cuando bien podría elegir entre mandatarios más recientes que, pese a las tachas que tienen, no alcanzaron, como sucedió con el general Reyes, el ominoso título oficial de dictador. A lo que se suman los señalamientos al mandatario boyacense de usar el poder, junto a algunos de los suyos, para negocios particulares. Todo eso por encima de las cosas tan buenas que le atribuyen a su quinquenio.

Pero no hay que apurarse a sacar conclusiones sobre lo que lleva a Molano a inclinarse por Reyes (ya sea admiración o simple asociación) de parte de quien, pese a su juventud, es viejo huésped del sector público.

Aparte, para votar por Reyes como favorito, Molano debe haber bebido con avidez en varios textos. Uno de ellos, ‘Administración Reyes (1904 - 1909)’, obra de exaltación que el maestro Baldomero Sanín Cano le dedicó a Reyes y que publicó en Lausana, Suiza, a donde fueron a parar los dos por autoexilio.

Ahí queda claro que el gobierno del general fue, como el actual, de posconflicto, en su caso, sucesivo a la guerra de los Mil Días, tal cual lo recuerda Malcolm Deas en el prólogo sobre la reedición del libro de Sanín, publicada hace un tiempo por la Universidad del Rosario.

En ese contexto, ¿qué quiso hacer Reyes? “Tratar de sanar heridas y apuntar a un mejor futuro”, dice el profesor Deas. ¿Cómo? Siendo “sobrio, ecuánime y poco estridente”, resalta. Y sin caer, en “la tentación de culpar a las administraciones anteriores, de permitirse ‘estériles recriminaciones’”.

Porque si hay algo que le reconocen Sanín y Deas a Reyes (aparte de Enrique Santos Molano y Antonio Caballero, que también han escrito sobre Reyes) fue el derecho de representación que otorgó, al menos al principio de su mandato, a las minorías, esas que convocó a la Asamblea Nacional Constituyente, lo que contribuyó a aclimatar unos años de paz, de esos pocos que hemos tenido en nuestros 200 años de canibalismo puro.

Y hay sobre el mandato de Reyes otro asunto que toca con Molano: el general puso las bases para contar con un ejército profesional y neutral, en el que prohibió odiar (y, seguramente, cantar a la muerte). Después, cuando vino el declive, Reyes “sintió que su momento había pasado (y) se fue a Europa sin anunciar su partida” (Deas).

Falta relacionar aquí las obras de infraestructura que le significaron muchos amores. Y medidas económicas que los expertos consideran muy acertadas.

Pero, a la vez, Reyes también fue el tirano que cerró el Congreso y censuró periódicos. Y ese autoritario que desterró a opositores y ordenó fusilar a los autores de un fallido atentado contra él y su hija. Y el que quiso prolongar su mandato a diez años. Y el padre de un hijo que, dicen, se marchó del país, junto a él, con una cartera repleta de moneda extranjera de dudosa procedencia.

Cerremos ahí y hagamos más bien un viaje imaginario en el tiempo para traer a Reyes de jefe de Molano en este 2021, lo que no le debe disgustar a él, ya que tanto lo admira.

¿Creerá Molano que ese mismo Reyes le aprobaría la extraña y escandalosa asesoría en comunicaciones que cuesta 898 millones de pesos y que el ministro pretende suscribir con una empresa (¿casualidad?) perteneciente a ex asesoras suyas durante su paso por el Icbf?

¿Le aceptaría eso Reyes, en medio de un posconflicto como el actual, y con una pandemia del tamaño de esta que nos llueve, solo comparable a la gripe española, que Reyes conoció? No creo, como tampoco aceptaría destinar 14 billones de pesos a comprar aviones de guerra, menos en una situación igual a la que vivimos.

De eso trata la historia, Ministro. No solo de presumir de ella, sino de aprender de ella y de quienes la hacen.
Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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