Mentir y manipular

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Mentir y manipular

Septiembre 29, 2019 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

El candidato a la alcaldía de Potosí, Nariño, que, según las autoridades, mintió cuando dijo haber sido víctima de secuestro, debe andar preocupado si en efecto se comprueba que eso ocurrió. No solo habría obligado a poner en práctica un dispositivo policial que costó millones de pesos (¿ochenta?, que salen de nuestros bolsillos), sino que además sería muy probable su intención de sacar provecho político de esa situación.

No sería el primer caso, ni sería el último en el uso de recursos innobles a los que nos hemos ido acostumbrando en estas épocas electorales. Si en algún tema se citan y echar andar juntas lo peor de la condición humana y la ambición sin límites, es en esto de la politiquería.

Todos los días aparecen muestras de eso que uno podría llamar picaresca de no ser porque hay tantos intereses (léase mucha plata, pero mucha es mucha, la del erario) como objetivo final. Y si alguien es capaz de hacer juego sucio en esta instancia del proceso electoral con el fin de desacreditar a la competencia, ya uno puede imaginar cómo serán las cosas a la hora de que ese mismo candidato(a) alcance el poder.

Lo preocupante hoy es que, como pólvora, las malas prácticas se reproducen sin distingos partidistas ni geográficos. Hace unas semanas anduve en Guaviare y presencié un debate de aspirantes a la gobernación de ese departamento. El programa estaba siendo grabado para ser emitido posteriormente por ‘Semana en vivo’. En cosa de horas apareció en las redes sociales la fotografía del set con los candidatos y la directora (la periodista María Jimena Duzán) con un titular que dejaba mal parado a uno de ellos, con una burda tipografía de por medio que pretendía parecerse a la de semana. com.

Eso mismo pasa hoy en Cali con los intentos de manipulación de la marca de El País, en intentos por desacreditar a un candidato (no utilizo nombres ni aquí ni allá). Y también en esto de pretender ganar como sea se llega incluso a poner en una valla de esas gigantes (en Bucaramanga): “¡Gracias por todo su apoyo Santander! pero por problemas de salud no puedo seguir en campaña, hasta pronto”, con foto y nombre del movimiento del supuesto candidato desertor.

Aquí vale aplaudir la juiciosa tarea de Colombiacheck.com para desenmascarar las mentiras que ruedan de trino en trino, y demás redes sociales, aunque bien saben esos colegas que faltan manos para denunciar a tanta mente retorcida.

Sin embargo, no creo que esa sea la gran amenaza para estas elecciones, aunque prácticas como esas sí logran sus efectos en una audiencia fácil de engañar. Y da pena decirlo, audiencia como nunca antes en la historia tan cercana (amante, mejor) de lo ligero (memes y similares) y tan distante de los contenidos.

Aterran más dos asuntos. Uno, el de la violencia, que ya ha dejado un lamentable número de víctimas entre aspirantes a alcaldías, concejos y asambleas. Sobre eso hay muchas explicaciones que pasan por las situaciones particulares de algunos territorios y más coyunturas. Cierto es. Pero ahí también se repite el fenómeno de toda la vida en Colombia: al opositor, al contrincante, al antagonista, no se le respeta ni se le tolera, mejor se le elimina. Ya sea con el sicariato físico o con el moral. De eso no hemos podido desprendernos.

Pero además asusta en estas campañas la facilidad para mentir. Se miente de mil maneras. Ya sea sobre anteriores gestiones vergonzosas que ahora pretenden venderse como ejemplo de desarrollo y pulcritud, o con promesas que jamás pasarán de ser eso mismo. Y eso que nos falta el día de las elecciones, 27 de octubre, cuando la plata en mano y lo demás en tierra le pondrán el moño a tanto disparate.

Menos mal, digo en el colmo del optimismo, la última palabra la tenemos nosotros, los electores. Para informarnos y para castigar tanta bajeza y oportunismo.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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