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Lección de ‘Pepe’ y Julio

Noviembre 01, 2020 - 11:40 p. m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Mientras, aquí y allá, el mundo se pone cada día peor por culpa de la polarización y mucha gente ya no solo cuestiona el ‘centro’ como alternativa sino que pone en cuestión su existencia, dos viejos nos mandan un mensaje de grandeza y de esperanza.

Sucedió hace unos días en el Congreso uruguayo. Ellos, el conservador Julio María Sanguinetti (84 años) y el socialista José ‘Pepe’ Mujica (85 años) decidieron decir adiós a su condición de senadores en vista de que, por cuestión de edad, la pandemia los obliga a permanecer encerrados.
Limitación que, como bien dijo Mujica, impide “hablar con (la) gente y andar para todos lados”.

Eso es una lección ética. Igual, para tantos que se atornillan a sus puestos como para quienes creen que sin ellos no hay mañana. Igual, uno y otro seguirán, al menos hasta donde sus facultades lo permitan, atentos a lo que pasa en su país y tonto sería prescindir de su experiencia. Pero no como amos y señores de las fuerzas antagónicas a las que pertenecen, sino como lo que pasan a ser, importantes militantes de ellas. Como debe ser.

Pero el hecho histórico de ese martes 20 de octubre es otro. Aquel día se recordará en la República Oriental además como ese en que dos enconados adversarios abrazaron la reconciliación, luego de años de encendidas diferencias. Y no menores. Porque si bien ambos son ex presidentes hay que recordar que uno, Sanguinetti, se forjó como dirigente en la tribuna política de la legalidad; el otro, Mujica, desde la insurgencia armada.

Y no fue solo el abrazo en que se estrecharon. Que Mujica haya dicho de su opositor que es “un viejo luchador, que representa una parte de la opinión pública de este país”, es reconocer eso que tanto nos cuesta ahora, la existencia de la otra mirada y de quien la encarna. Y que Sanguinetti, para referirse a esa espinosa relación con don ‘Pepe’ que dejaba atrás, haya evocado aquel verso “se reconcilian las dos mitades enemigas/y la conciencia-espejo se licúa” de Octavio Paz, es porque, antes que pensar en él cualquier costo político, lo que le importa es el presente y el futuro de su país y de sus compatriotas.

Sobre eso, ¿qué dirían en redes sociales los uruguayos? Imagino que esa será la siguiente pregunta. No lo sé, ni lo pienso averiguar. No deben estar estos dos señores, a su respetable edad y experiencia, a la espera de qué dicen los partidarios armados de twitter, o las bodegas, de uno u otro partido. Ni tampoco estarán ambos para dar explicaciones. Todo está dicho.

En cambio, ¿por qué Uruguay sí puede? Digo, a diferencia de otros tantos lugares, comenzando por este en que habitamos. No es gratuito que así suceda. Podría enumerar muchas razones pero prefiero darle la palabra al Banco Mundial:

“Uruguay se destaca en América Latina por ser una sociedad igualitaria, por su alto ingreso per cápita, sus bajos niveles de desigualdad y pobreza y por la ausencia casi total de indigencia. En términos relativos, su clase media es la más grande de América, y representa más del 60% de su población. Uruguay se ubica entre los primeros lugares de la región en relación con diversas medidas de bienestar, como el Índice de Desarrollo Humano, el Índice de Oportunidad Humana y el Índice de Libertad Económica. La estabilidad de las instituciones y los bajos niveles de corrupción se reflejan en el alto grado de confianza que tienen los ciudadanos en el Gobierno. Según el Índice de Oportunidad Humana del Banco Mundial, Uruguay ha logrado alcanzar un alto nivel de igualdad de oportunidades en términos de acceso a servicios básicos tales como educación, agua potable, electricidad y saneamiento”.

Antes que el milagro con el que se suele calificar, Uruguay ha logrado construir una sociedad capaz de muchas cosas como esas. Una de ellas, perdonar, ese primer requisito para poder avanzar de verdad.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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