Eudoro y otros espíritus

Eudoro y otros espíritus

Septiembre 30, 2018 - 11:40 p.m. Por: Víctor Diusabá Rojas

Hay espíritus que vagan tan cerca que uno puede verlos, tocarlos y, a veces, conversar con ellos. Pasa en la vida y pasa en Manizales. Como la semana anterior en su Feria del Libro.

Estaba allí, de cuerpo presente, el espíritu de Rogelio Salmona. Amplio y generoso, encarnado en ese monumento que, a la vez, es desde hace pocos meses el nuevo centro cultural de la ciudad.

Y puedo jurar que vi a Orlando Sierra, ese periodista que no pudieron matar sus asesinos. Llega todos los días a la hora del consejo de redacción de La Patria, se sienta donde se sentaba en la vieja edificación. Y entonces, manda y tira línea, con ese ojo avizor único para dar con quienes se roban -ayer, hoy y mañana- la plata de todos.

Y vienen viejos espíritus de otros lados. Como el de Joseph Conrad, invitado por Octavio Escobar a su ‘Mar de leva’, más que una aventura, mucho más que una novela, otro imperdible de un hombre que se hizo médico como disculpa para ser gran escritor. Y, en la última fila, fiel a su principio de que no me citen, no me nombren, no me vean, Don Ariel Cardona, el maestro de todos, el rigor vestido de humanidad.

Pero hubo un espíritu con el que no contaba. Me saltó en medio de la noche, entre la niebla de Manizales. Pude pasar de largo pero a buena hora Adriana Villegas, compañera de mil batallas en este oficio en El Espectador y en otros frentes, me paró en seco:

- “Él es Eudoro Galarza”. Tenía el rostro difuso (no hay muchas fotos de él).

- “¿Eudoro, el de Gaitán, mejor dicho, el del famoso juicio que ganó Gaitán en la madrugada del 9 de abril?

Y entonces, como quien no ha visto lo que es más que obvio, sentí asombro, primero, y, enseguida, vergüenza. Porque Eudoro Galarza se quedó a vivir en la trastienda de la historia por culpa de mucha gente, comenzando por quien escribe esto.

¿Qué es lo que cuenta Adriana en El Malpensante (edición 199) en ese impecable reportaje de manual? En 1938, Eudoro Galarza era periodista y dueño de ‘La Voz de Caldas’, un diario manizaleño que el 10 de octubre de ese año denunció los abusos (comprobados) en el Batallón Ayacucho del teniente Jesús María Cortés contra sus subalternos. Tres días después, Cortés llegó a las oficinas de ‘La Voz de Caldas’ y exigió rectificación, con una pistola como razón. Galarza le ofreció a cambio una máquina de escribir. Para acallarlo, Cortés respondió con tres disparos, uno necesariamente mortal.

El caso, luego de vagar, como otro espíritu, por diferentes instancias terminó en Bogotá. Y fue Jorge Eliécer Gaitán (quizás no el político, pero sí el penalista), quien asumió la defensa de Cortés, con el argumento de que el asesino iba ese día vestido con su uniforme militar y, en consecuencia, había procedido en defensa del honor de la institución. Cosa bien discutible pero efectiva a la hora de lograr una absolución ese 9 de abril. Decisión absurda que luego se convirtió en anécdota tras los tiros de Roa Sierra, el magnicidio del caudillo y la sucesiva explosión popular al crimen del siglo.

Nadie, o muy pocos, se volvieron a acordar de Eudoro. Como pocos saben que años antes, el mismo Gaitán (el penalista, y para eso estaba además) asumió la defensa del coronel Carlos Barrera, señalado de disparar y golpear el 18 de junio de 1935, también en Manizales, al columnista Clímaco Villegas, quien murió tres meses después a raíz de las heridas recibidas. Un atentado a la libertad de prensa muy parecido al que Cortés hizo contra Eudoro. Lo que bien puede ser nada más que una casualidad.

Pero mejor lean a Adriana. or mi parte, la próxima vez que vaya a Manizales, que será muy pronto, recordaré que las historias están a cada paso, como me enseñó usted, Luis Cañón.

Sobrero:

Ver ganar ayer la prueba de ruta de los Mundiales de Ciclismo a Alejandro Valverde es comprobar que nunca es tarde; y que entre más tarde, mejor.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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