El año que toca

Diciembre 25, 2022 - 11:40 p. m. 2022-12-25 Por: Víctor Diusabá Rojas

La vieja pregunta: ¿Dónde carajos estaremos dentro de un año y cómo andará el mundo?

Para 2023, lo dicen astrólogos y economistas, difícil advertir otro horizonte que no sea el de la incertidumbre absoluta.

Y las sospechas no son gratuitas. Más difícil no puede ir todo y con tendencia a empeorar.
Comencemos por Ucrania. ¿alguien imagina acaso un
a salida pacífica allí de la que Vladimir Putin forme parte, incluso como perdedor? Eso suena a imposible. No que el hombre salga derrotado, sino que ceda en su obsesión expansionista.

Como imposible es creer que dentro de doce meses la carnicería de que es objeto el pueblo palestino se salde con apretón de manos a sus verdugos.

Y ni hablar de esperanzas prontas de que la suerte de las mujeres cambie en Afganistán, menos ahora cuando les acaban de cerrar las puertas de ingreso a las universidades del país, dizque porque no visten como exige el régimen talibán. Nada más que una miserable disculpa.

Bien distantes también parecen posibles reformas en Irán, donde las voces que claman libertad contra el modelo de teocracia con el que se somete a millones obtienen como respuesta ejecuciones o cárcel.

Más cerca de aquí, la ya difícil situación de millones de inmigrantes que buscan un hueco para entrar a los Estados Unidos va a empeorar.
Desharrapados y hambrientos, seguirán siendo nada más que instrumento de políticos sin escrúpulos y de las mafias de tratantes de personas. Pero también el invierno que se viene, el más duro en mucho tiempo, será una máquina de moler gente en el paso del Río Grande y de ahí hacia arriba.

Podríamos detenernos en otros casos. Por ejemplo: Venezuela, Nicaragua y Cuba. Sería perder el tiempo por la sencilla razón de que los sátrapas que mandan allí no hablan en términos de años, sino en épocas. Igual en El Salvador, donde las medidas del autócrata no pasan por los derechos humanos.

¿Y Colombia? Está por verse si el presente terminará pareciéndose más al pésimo pasado y menos al futuro que Petro prometió en las elecciones.

No son buenas señales esas de andar entre el amiguismo y el compadrazgo a la hora de nombramientos en cargos de altísima responsabilidad.

Ahí están como evidencias el caso del Icbf y los dedazos en embajadas y consulados.

Asimismo, flaco favor a la coherencia de una supuesta hoja de ruta de paz hacen las inocultables contradicciones en que incurre el Ejecutivo. Es inexplicable buscar la paz total y, al mismo tiempo, entrar en una bimillonaria carrera armamentista ¿Aviones de combate que no necesitábamos antes y ahora sí?

Como ni propios aliados del Presidente entienden ese interés suyo por apostar a una reforma con la que se quiere reducir la representatividad política de las minorías. Qué rápido olvidaron que también lo fueron.
Tantos desatinos hacen muy difícil que en un año se saque la pata de tanta embarrada. Si es que se les ocurre hacerlo. Porque bien bajito es su umbral de autocrítica.

Y eso sin contar con la violencia cotidiana que nos asfixia y de la que extrañamente no habla el gobierno. Su discurso por la vida ha resultado bastante bueno a la hora de la propaganda y muy corto en eficacia. Al menos, hasta ahora.

A eso hay que sumar las elecciones locales que se vienen. Se juega ahí mucho más que un simple periodo.

De resto, todo bien. Feliz Año.

Sigue en Twitter @VictorDiusabaR

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