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No pudimos

Agosto 10, 2021 - 11:40 p. m. 2021-08-10 Por: Vicky Perea García

Así es, quienes habitamos este planeta en los últimos 100 años no pudimos comprender que era necesario mantener el equilibrio con la naturaleza, demostrar un mínimo de respeto por el entorno, cuidar de aquello que nos ha garantizado la vida nuestra y la de tantos seres vivos que nos rodean.

Pero no, si en un principio fue por no saber lo que estábamos causando con ese desarrollo sin duda necesario para que la humanidad avanzara, cuando nos dimos cuenta del daño provocado no fuimos capaces de tener la humildad de reconocerlo y, más importante aún, de encontrar las soluciones.

Así de soberbios e ignorantes hemos sido pese a los llamados de atención recibidos, en particular durante las últimas tres décadas cuando se hizo evidente que los asuntos relacionados con el medio ambiente y el clima iban mal.

Cómo será lo poco que se ha avanzado en tanto tiempo, que cuando estamos a tres meses de la 26 Conferencia de las Partes, COP26 -que sería la 27 de no ser por la pandemia-, en la que se analizan los avances y las acciones mundiales para evitar que siga el deterioro de la Tierra y se detenga el cambio climático, aún se está discutiendo lo poco que se ha adelantado, la renuencia de algunos países a hacerse responsables de la cuota que les corresponde y nos anuncian que hay daños irreversibles mientras ese tope de aumento de la temperatura que esperábamos no llegara antes de finales de este siglo, ya está a la vuelta de la esquina, a menos de nueve años.

Son 27 años, no en las mismas, sino empeorando cada día. Porque en resumen eso es lo que nos dijeron esta semana los expertos de 195 países que presentaron la primera de seis entregas del informe ‘Cambio climático: las bases científicas’. Lo primero que se reconoce en el documento es que la culpa es de los humanos, porque si bien no es raro que un planeta joven, como es la Tierra, esté en permanente evolución y en una especie de metamorfosis cada cierto tiempo, los extremos a los que ha llegado el mundo en este último siglo llevan como sello la mano del hombre.

Esa reticencia a reducir el uso de combustibles fósiles, aún sabiendo el daño que causan los gases que emanan en la atmósfera; esa forma de consumir sin freno, sin interesarnos a dónde van a parar los desechos ni pensar en devolverle algo a la naturaleza que nos provee; esa desbandada de los campos a las ciudades convirtiendo a estas en el epítome de contaminación por excelencia; esa manera de acabar con los bosques, secar los ríos, matar las especies y destruir los ecosistemas; todo eso y más nos tiene hoy donde estamos: en la encrucijada de saber que no le heredaremos un planeta saludable, y al paso que vamos ni siquiera un planeta, a las generaciones venideras.

La culpa es de todos, pero en primer lugar de esos líderes que decidieron, y aún lo hacen, anteponer los intereses económicos a los intereses comunes universales, los que se dedicaron a negar lo que sucede o quienes prefirieron taparse ojos, oídos, nariz y boca antes que hacer lo que les correspondía.

Por eso no hemos podido, por eso la Tierra se calienta sin reversa, por eso hoy arden California, España, Grecia y ayer lo hacía Canadá; por eso se inundan Alemania, Bélgica y Holanda, pero también Colombia, la India o China; por eso los huracanes llegan más y más fuertes mientras los tifones no dan tregua; por eso los polos se derriten, aumentan los niveles de los océanos y las ciudades costeras comienzan a desaparecer.

Ojalá este anuncio reciente de cataclismo sí nos lleve a hacer algo, porque puede que a usted y a mí no nos toque la catástrofe en toda su dimensión, pero sí les tocará a nuestros hijos y a los hijos de ellos. Ya para los siguientes, de pronto no habrá Planeta.

***

Al margen: ¿En qué Estado de Derecho los guardas de tránsito, que representan la autoridad, son espantados con gritos y amenazas, dan la vuelta, se van y permiten que pequeños grupos de desadaptados sean los que manejen el tráfico en las intersecciones donde los semáforos fueron dañados? A eso llegamos en Cali, ¿o no, Alcalde?
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