Estupidez

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Estupidez

Enero 13, 2020 - 11:45 p. m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Hace más o menos un año conocí en un Uber a Patricia, una madre de familia que dedica su tiempo ‘libre’ a conducir su carro en esa plataforma. Me llevó de la manera más amable posible un lunes cualquiera y, desde entonces, me transporta cuando necesito. Y cuando no está manejando, Patricia se dedica a los quehaceres de su casa y cría a sus hijos. Uno de ellos es músico, toca violín y la mayor preocupación de su madre es conseguir dinero para poderlo ayudar en su educación.

Esta semana, un taxista llamado Fredy Contreras publicó en redes sociales un video en el que les dice a las mujeres que manejan Uber, como Patricia, que, más bien, se dediquen a lavar y a planchar.

“Las señoras que manejan Uber: como empleadas domésticas están recibiendo para lavar y planchar, o sea, trabajo sí hay. Para lavar ropa y cocinar están recibiendo. Trabajo sí hay”, afirmó en un video.

¡Qué vergüenza! ¿Se imaginan lo que piensan las tantas Patricias que hay en Colombia, de semejante estupidez? El tipo también afirmó que los conductores de Uber ahora podrán “vender tamales”, como si ese fuera un oficio vergonzante.

Personajes así hacen quedar muy mal al gremio de taxistas, a tantos amables que hay en nuestro país en carros amarillos, y reafirman la necesidad de que la decencia sea parte imprescindible de los servicios de transporte. Quienes se mueven a través de plataformas lo hacen porque quieren decencia, que los lleven sin preguntar a dónde van, que no les den sorpresas con las tarifas, que no los bajen en mitad del camino, que los movilicen con seguridad. Que no les toque un tipo que piensa que las mujeres solo sirven para planchar y lavar. No. Podemos también planchar y lavar. Y no nos demerita. Porque por más lejos que lleguemos en la vida, muchas no dejamos de ser amas de casa ni madres de familia.

Según el Dane, el desempleo de mujeres en Colombia es del 14% frente a un 8% de los hombres. Las plataformas digitales han sido una solución efectiva para mujeres que, como mi Patricia querida, necesitan un ingreso con cierta comodidad de horario. ¿Va el Gobierno realmente a acabar con esa opción mientras se envalentonan patanes?

Pero el tema no es siquiera las mujeres conductoras de Uber -que ya serían razón suficiente para legalizarlo-, el tema es el mundo global. La velocidad con la que las Apps están cambiando nuestras vidas y la responsabilidad de los gobiernos de turno de asumir los retos que esa mezcla de tecnología y necesidad imponen. Lo contrario son mensajes contradictorios que nos condenan a la terca voluntad de pocos con mucho poder político.

Sigue en Twitter @vanedelatorre

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