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Septiembre 09, 2019 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

La imagen de ‘Iván Márquez’ y ‘Jesús Santrich’ invitando a una nueva guerra es estrepitosa y golpea profundamente las fibras de un proceso de paz, sin bien imperfecto, proceso de paz de todas formas. Es un chorro de gasolina para quienes han criticado tanto los acuerdos de Cuba, un incómodo “se lo dije” que alimenta la polarización en este país de grietas tan profundas. Una razón enorme para dejar de creer en la voluntad de quienes firmaron un pacto para decirle no más a la guerra.

Se pregunta, entonces uno, ¿por qué debería seguir creyendo en la implementación de los acuerdos cuando ni siquiera el que llegó a ser jefe de la delegación de las Farc en Cuba, cree en lo firmado? Si ‘Márquez’, que fue el interlocutor de De la Calle, decidió rearmarse, ¿por qué deberíamos los demás creer en el proceso de paz?

La respuesta está en los miles de exguerrilleros que siguen desarmados, que no quieren volver a la guerra, que tuvieron hijos, que se las han arreglado para vivir en la legalidad cuando lo único que conocían era la criminalidad. Son miles. Diez mil dicen algunos. Ocho mil aseguran otros.
Son muchos, de cualquier manera. Tres mil viviendo todavía en los Etcr, Espacios Territoriales de Capacitación y Reicorporación. Son muchos más que los que se rearmaron y muchísimos más que los que aparecieron con ‘Santrich’ y ‘Márquez’ en un video bastante atemporal evocando a Marquetalia.

Me dijo Sandra Ramírez, exguerrillera y viuda de Manuel Marulanda en el monte y en la guerra, que si estuviera vivo, el ya fallecido jefe máximo de las Farc no estaría de acuerdo con ese rearme. Ella sigue, ahora desde la legalidad, como senadora en el Congreso, defendiendo los acuerdos.

En las esquinas de Colombia, son miles los exguerrilleros que le siguen apostando a una paz imperfecta, de sembrados de café y de rafting como el de Miravalle. Varios han logrado sacar adelante emprendimientos de ganadería, de ropa de mujer, de sudaderas y morrales con las telas y las máquinas que antes usaban para hacer los uniformes de las Farc; ventas de verduras, panaderías y turismo.

Esa nueva supuesta guerrilla de la que hablan ‘Santrich’ y ‘Márquez’ es una banda delincuencial cuya ideología es el narcotráfico y como tal enfrentará el poderío del Estado colombiano. Un frente de guerra más que, por supuesto, habría sido mejor que no se abriera, pero no por ello significa el fin de la ilusión y las ganas de una vida distinta de miles de colombianos que en algún momento hicieron la guerra y en algún momento también, le apostaron a la paz. Ellos, que han tenido hijos y no quieren volver al monte aunque sus excomandantes los inviten, son el futuro de un proceso de paz lleno de falencias y retos y de un país que podría demostrarse a sí mismo y al mundo que la reconciliación es posible.

Sigue en Twitter @vanedelatorre

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