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Julio 01, 2019 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

Tiene 38 años, una década encarcelado en una prisión estadounidense, miles de víctimas encima y el estigma de haber puesto a temblar a todo un país mediante la captación ilegal de dinero más sofisticada de los tiempos recientes en Colombia. David Murcia Guzmán regresó y está pagando los 22 años de cárcel que le quedan pendientes con la Justicia.

Ahora duerme -o trata de hacerlo- en La Tramacúa, el infierno de las cárceles nacionales donde están recluidos los peores criminales: desde el matón de Pablo Escobar, John Jairo Velásquez Vásquez, alias Popeye, hasta Rafael Uribe Noguera, el asesino de Yuliana Samboní. Entre muros de cemento que emanan olores fétidos, a veces insoportables, y por donde se desplazan todo tipo de insectos, pagan también condena Luis Alfredo Garavito, el asesino y violador de unos 200 niños, y Javier Velasco, el que acabó con la vida de Rosa Elvira Cely.

Allí, en la Tramacúa, en lo más degradado de la miseria humana, está David Murcia, el genio de la delincuencia financiera en el que miles de familias depositaron entre 2003 y 2008 sus ahorros, llegando a vender lo que tenían para intentar lucrarse. Las inversiones de quienes le apostaron a DMG fueron de $100 mil a mil millones de pesos, en efectivo siempre, convencidos de que recibirían en cinco o seis meses hasta el 90% de lo invertido.

Su cierre llevó al país a Estado de Emergencia para poder hacer frente a los seguidores enfurecidos de Murcia que lo veían como un Robin Hood criollo -como Pablo Escobar en su momento- e intentaron paralizar a Colombia tras su captura.

Desde entonces, el boom de las pirámides se redujo significativamente en el país, pero las alarmas se volvieron a prender este año con la aparición de Telares de sueños en Bogotá y Tejedoras de sueños en Villa de Leyva. La primera, una pirámide liderada por unas jovencitas ‘divinamente bien’ que con todo y las oportunidades que han tenido no han podido entender que detrás de la plata fácil hay siempre un negocio ilícito. Y como ambas funcionan a través de redes sociales, del voz a voz y del pretexto de ser cadenas de solidaridad entre mujeres, para las autoridades es difícil perseguirlas.

Detrás de las nuevas captadoras ilegales y del regreso de Murcia, está el terrible fantasma del dinero fácil tan buscado en este país. Desde los años 80, el narcotráfico sembró en la sociedad cierta permisividad con el exceso de dinero que llegó a su máximo esplendor con Interbolsa y, de manera más popular, con DMG. La plata fácil, de captadoras ilegales, fondos de rentas millonarias, o telarañas de amigas, es tan maldita como efímera.

A las generaciones venideras hay que repetirles que la única forma de tener futuro es trabajando con disciplina y esmero y que solo se puede mirar a los ojos con dignidad y autoridad sabiendo que lo que se tiene se ha conseguido de forma legal, sin engaños ni permisividades, porque si bien, poco existe la condena social, la Justicia juiciosa termina conduciendo a pabellones terribles de criminales donde la juventud, la inteligencia y el talento, poco o nada valen.

Sigue en Twitter @vanedelatorre

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