Desnutrición

Desnutrición

Enero 28, 2019 - 11:45 p.m. Por: Vanessa De La Torre Sanclemente

En una conversación que tuve anoche con el neurocirujano Remberto Burgos en Mesa Blu, aprendí algo que me dejó estupefacta: lo que ocurre -o deja de ocurrir- en el cerebro humano durante la infancia no sólo nos determina como individuos, sino que es irreparable. Es decir: para siempre.

Un niño mal alimentado jamás será un adulto con las mismas capacidades que aquel que creció bien alimentado. El cerebro de un niño desnutrido desde la infancia, no hay cómo recuperarlo. Ni alimentándolo bien cuando crezca, ni educándolo, ni haciéndolo feliz. Atroz.

Atroz porque estamos viviendo en un país en el que por cuenta de la avaricia de unos pocos y la inoperancia de un Estado incapaz de castigar a los corruptos y velar por el bienestar de sus ciudadanos –sobre todo de sus niños- generaciones enteras de menores desnutridos serán los adultos del mañana. Ya con carencias en el cerebro, sin la capacidad productiva que deberían tener y sin la posibilidad de construir el futuro que deberían poder construir. De ese tamaño es la gravedad que las secuelas de la corrupción están dejando en miles de colombianos del futuro.

En estos primeros días del 2019, según cifras de la procuraduría, hay 258 mil niños en riesgo de no recibir su alimentación escolar que es, en múltiples ocasiones, el único alimento del día. Y hay “33 entidades territoriales certificadas, con retrasos en el inicio de la operación para la entrega de alimentos”, dijo el procurador Carrillo la semana anterior. No ha terminado ni el primer mes del año y ya el panorama nos habla de un futuro triste.

El puerto de Buenaventura en el Valle del Cauca, lidera, lamentablemente, la lista de los municipios del departamento con más falencias en el Programa de Alimentación Escolar. En el resto del país, esta lista de la infamia incluye como siempre a La Guajira, algunas poblaciones del Magdalena, encabezadas por su capital, Santa Marta -tan hermosa y tan abandonada-, Magangué en Bolívar, y un largo etcétera de municipios en los que el futuro de los niños se está perdiendo como arena en las manos de los corruptos.

Nos hemos tristemente acostumbrado al paisaje triste de la desnutrición infantil en Colombia. Año tras años, miles de niños no son más que estadísticas, escándalos efímeros y declaraciones de autoridades que prometen y cuyos resultados poco se ven. Mientras tanto, por cuenta de los robos en la alimentación escolar, quién sabe cuántas generaciones de colombianos están ya condenados a las carencias.

Así de grave es lo que ocurre en el país. No es que se roben unos platos de comida de niños que se dormirán con hambre, es que se están robando el futuro de un país.

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