Regreso a las Antillas

Escuchar este artículo

Regreso a las Antillas

Noviembre 19, 2019 - 11:40 p. m. Por: Santiago Gamboa

Acá estoy una vez más, en este increíble mundo antillano. Primero en Martinica, esa isla montañosa y caótica en la que se destila el temible ron Saint James, utilizado para hacer el Planter’s Punch o el sencillo punch de limón, con un poco de azúcar de caña para rebajarlo, pues puede sobrepasar los 50º de alcohol. Una bebida para piratas.

Pero además de una isla de las Antillas (ante islas), Martinica es el límite occidental de Francia, junto con Guadalupe. Ambas son departamentos franceses, lo que quiere decir que se rigen por las mismas normas que el lejano país europeo. Una llamada telefónica, por ejemplo, es considerada local desde aquí hacia cualquier zona de Francia, y en virtud del roaming abierto y gratuito a Europa, es igual hacia cualquier otro país. Algo increíble que debe suponerles un costo extra exorbitante, pero que Francia está dispuesta a pagar con tal de mantener estos territorios caribeños.

Los llaman Dom Tom (Dominios Territoriales de Ultra Mar), una denominación que, por supuesto, recuerda la época colonial. ¿Cuánto les valdrá? Puerto Rico, según leí, le cuesta 6 mil millones de dólares anuales a Estados Unidos. Algo parecido debe costarle a Francia cada uno de estos tres, pues hay que contar también a Guyana, que está en el continente.

Me gustó de Martinica que su aeropuerto se llame como su más noble hijo, Aimé Césaire, poeta y político, creador del concepto de la negritud como un modo de oponerse a la exclusión y al racismo al que estaban sometidos por Francia y otros países, consecuencia de la experiencia colonial. Césaire, con el senegalés Sedar Senghor y el guyanés Louis Gontran Damas, fundó en París, en los años 30, la revista El estudiante negro, que fue la primera trinchera intelectual contra el racismo en Europa.

Poco después, de regreso a su isla, se dedicó a la docencia y escribió su famoso Cuaderno de un regreso al país natal, largo poema en prosa que recuerda la fuerza del Rimbaud de Una temporada en el infierno.

En la universidad, Césaire fue maestro de otro martiniqués ilustre, nada menos que Frantz Fanon, el gran revolucionario, luchador por la independencia de Argelia y Túnez contra Francia y autor del famosísimo Los condenados de la tierra. Su compañero de aula, Eduard Glissant, se convertiría también, con los años, en uno de los escritores más famosos de la lengua francesa.

Luego, Césaire lanzó desde Martinica la revista Presencia africana y en 1948 publicó la Antología de la nueva poesía negra y malgache, con un prólogo muy combativo de Jean Paul Sartre, lo que supuso la consagración del movimiento de la negritud.

Con los años, otros intelectuales africanos como Wole Soyinka se rebelaron contra este concepto, diciendo que “el tigre no debe proclamar su tigritud para sentirse libre”, una idea sobre la cual, hoy, escritores e intelectuales de África y ex colonias francesas siguen debatiendo, como es el caso del congolés Alain Mabanckou.

Todo esto veo e intento comprender, ahora desde Guadalupe, la tierra de Saint John Perse, poeta premio Nobel de literatura, al lado de novelistas de Haití como Gary Víctor y Makenzy Orcel, la martiniquesa Gaël Octavia o Viktor Lazlo, mujer que firma con nombre de varón polaco, y otros colegas norteamericanos y franceses. Todo en medio de un Caribe, por fortuna, exento de ciclones.

Sigue en Facebook Santiago Gamboa - club de lectores

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS