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Ambos Mundos

Junio 02, 2021 - 11:55 p. m. 2021-06-02 Por: Santiago Gamboa

Ambos Mundos es, ante todo, un bello y tradicional hotel de La Habana, repleto de historias literarias. En uno de sus cuartos, según dice la leyenda, Hemingway escribió su novela “Tener o no tener”, en mil novecientos treinta y pico, y luego, en otra visita, se encerró a beber ron con el fotógrafo Walker Evans durante más de una semana, en una estadía que el escritor cubano Cabrera Infante llamó “los diez días que estremecieron a Bacardí”.

Siempre me gustó el nombre de ese hotel y años después, para mi sorpresa, lo encontré en un viejo restaurante de la Plaza Real de Barcelona, un lugar especializado en paellas y comida de mar que no sé si aún exista. Restaurante Ambos Mundos. El aviso era un planisferio desdoblado que mostraba las dos caras del planeta: de un lado Europa y del otro América.

Cuando empecé a escribir este texto quise imaginar a Don Quijote en los dos escenarios: sentado en la terraza del restaurante Ambos Mundos, en Barcelona, o acodado en uno de los balcones del hotel Ambos Mundos, en La Habana, oteando la brisa del mar y observando a la gente. Don Quijote en Ambos Mundos. Y esto no es una ficción estrafalaria ni un sueño alucinado, pues es lícito pensar que alguien, alguna vez, se sentó a leer las aventuras del ingenioso hidalgo en cualquiera de estos dos lugares. No sabemos lo que se lee en los hoteles o en las terrazas de los restaurantes mientras llega la comida; tampoco sabemos qué sueños o esperas, tal vez dolorosas o felices, se viven en estos sitios de paso. Pero allí están y allí está el libro. Sería incluso imaginable suponer que existe una copia de “Don Quijote” en la cual envejecen dos facturas, de comida y de hospedaje.

La literatura es también un lugar de paso y de ella, muy a menudo, tenemos el recuerdo de un país que transitoriamente habitamos. La novela y la poesía y el cuento de Ambos Mundos, de hoteles que dan al mar y de terrazas soleadas. ¡Cuánta gran literatura se ha hospedado en hoteles! Me vienen a la mente dos novelas, aunque escritas en alemán:
“Hotel Savoy”, de Joseph Roth, y ”Memorias del estafador Felix Krull”, de Thomas Mann.

La literatura en español es la literatura de Ambos Mundos y, por supuesto, de “Don Quijote” en Ambos Mundos. De Góngora y Lope de Vega siendo leídos por José Lezama Lima en La Habana, reinventando el barroco en medio de estertores asmáticos, cohibas y muchachos afrancesados. De Borges releyendo a Cervantes en una casa de Adrogué o Palermo, escribiendo la historia de Pierre Ménard, autor del Quijote.
De García Lorca leyendo en Nueva York a Rubén Darío y de García Lorca y Barba Jacob leyéndose mutuamente sus poemas, en La Habana, antes de salir a buscar compañía por los predios del puerto entre la ebria marinería. Dos mundos vueltos a inventar, reinventados constantemente.

En México, Valle Inclán leyó a Amado Nervo y a Barba Jacob, y luego, cuando Valle Inclán regresó a Madrid, Barba Jacob le envió de regalo un sillón con los cojines rellenos de marihuana, esa hierba de América que ambos habían fumado a la salida del Café Tacuba. Los barcos iban y venían y los libros circulaban. Es hermoso ver circular los libros. De país en país y al otro lado del mar. Los libros circulan y la lengua que los escribe se va expandiendo. Y cómo. Desde los territorios de La Mancha hasta el extremo más occidental de un reino hecho de lenguaje y aventuras y versos.
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