Almodóvar

Almodóvar

Mayo 28, 2019 - 11:55 p.m. Por: Santiago Gamboa

Soy plenamente consciente de no jugar limpio, pues hablaré de una película que aún no se estrena en Colombia, aunque sé que llegará muy pronto, estoy seguro. El problema es que acabo de verla y no puedo pensar en otra cosa. Porque Dolor y gloria, el último filme de Almodóvar presentado en Cannes, es una verdadera tormenta estética. Una de esas películas de las que uno sale con los dedos agitados y la mente en blanco. ¿Qué decir de esa increíble explosión de colores, sensibilidad, diálogos y asuntos humanos que el director español nos plantea? Una vida, sola, es poca vida, pero el arte nos permite multiplicar esa maravillosa sensación de vivir, y es lo que Almodóvar nos propone con la suya. Con su propia vida.

Esta vez el tema es su crisis personal, sus achaques y miedos, su infancia y el modo en que, desde allá atrás, esta sigue dirigiendo nuestros movimientos, alterando secretamente nuestras decisiones, administrando nuestros miedos. Y más en el caso de un artista como él que, de acuerdo a su confesión fílmica, pasó por una dolorosa sequía creadora provocada por una serie increíble de malestares físicos, espejo de sus tribulaciones humanas. El actor Antonio Banderas, soberbio, hace el papel de su vida interpretando a un director de cine que en el filme se llama Salvador Gallo, pero que todo el mundo sabe que es Pedro Almodóvar, el cual, tras obtener premios con sus películas y de convertirse en un director fetiche y a la vez ultra famoso, se sumerge en una crisis que lo lleva de vuelta a sus primeros trabajos.

No creo que Banderas, un actor cuya suerte en el cine ha sido muy desigual, que hizo de Zorro y de Picasso y que protagonizó algunas comedias menores, pueda alguna vez superar lo que hizo en este filme. Me atrevería a decir que es la película de su vida, y no en vano el jurado de Cannes le dio el premio a mejor actor, que es de paso el más alto galardón logrado por Banderas en toda su carrera. Del jovencito y casi barbilampiño de Mujeres al borde de un ataque de nervios, filme con el que Almodóvar irrumpió en la escena internacional (aunque no es su primera película, claro), hasta Dolor y gloria, se diría que es Almodóvar quien lo inventó como actor. Y fue quien, en Cannes, habló de la sorpresa que supuso para ellos que el filme de Almodóvar no obtuviera la Palma de Oro, que en cambio sí ganó el director coreano Bong Joon-ho con Parasite. Dijo Banderas que incluso Tarantino, que estaba en la selección oficial, le dijo al encontrarlo en los corredores de Cannes: “Espero sinceramente que el premio sea para Pedro. En parte, soy director gracias a su cine. Se lo merece”. Pero no ganó y bueno, los premios son así. Lo raro es que fue Francia el país que lo consagró, y a pesar de haber ganado infinidad de otros premios, jamás ha logrado la Palma de Oro, que es como el Óscar del cine europeo.

De cualquier modo, con esta película biográfica Almodóvar ganará por goleada, pues da un paso más hacia adentro, hace más profunda su obra y lleva al cine a un lugar nuevo; y ganan también los espectadores que, al ver Dolor y gloria, se verán también a sí mismos, reflejados de algún modo en esa conmovedora declaración de desnudez humana ante el dolor y la creación, frente a la cual ni la gloria ni la celebridad, y por momentos ni siquiera el amor, pueden suponer un alivio.

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