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2019: El año de Blade Runner

Octubre 28, 2020 - 11:55 p. m. Por: Santiago Gamboa

Me refiero por supuesto a la Blade Runner original de 1982, que marcó para siempre a mi generación. Ese era el futuro. Yo tenía 17 años cuando el filme se estrenó, así que la vi en esa Bogotá provinciana y oscura de los años 80. Acababa de entrar a literatura a la universidad y ya escribía algunas cosas, pocas y, por supuesto, frágiles. Recuerdo la impresión de lejanía de esa fecha: ‘Noviembre de 2019’ que ocupa la pantalla al principio, cuando se escucha la música de Vangelis y ruedan las primeras imágenes de la ciudad distópica. Recuerdo, sobre todo, el estruendoso choque al salir de ese universo abigarrado y cosmopolita y encontrarme con mi ciudad, Bogotá, tan pequeña e insignificante, tan perdida y alejada del mundo.

A mis 53 años llegó ese ‘Noviembre de 2019’ y volví a ver la película. Otra vez quise ser ese agente melancólico que vive en un oscuro apartamento repleto de sombras. De joven imaginé que ser escritor debía de ser algo muy parecido a eso: recuperar lo perdido, luchar contra la nostalgia, sentirse mal en el universo, estar solo y no comprender ni compartir las claves banales del mundo.

Muchas cosas de ese futuro entrevisto por Philip K. Dick y Ridley Scott realmente ocurrieron, otras no. Ya no se fuma tanto y sobre todo no se fuma en interiores. Esto no lo vieron venir. Tampoco hay carros que vuelen, ahí se les fue un poco la mano. Acertaron en la descripción de la gran megalópolis multiétnica, en la que lo asiático tiene predominancia; también en la pesadilla del cambio climático y esas lluvias permanentes desde nubes de smog. Lo de las ‘colonias de trabajo’ en otros planetas es exagerado, pero para allá vamos, lo mismo que la clonación humana y la creación de ‘replicantes’.

Nada de eso parece lejano. La tecnología con la que cuenta Harrison Ford es muy parecida a la de hoy (la ampliación de detalles en una pantalla, por ejemplo). Hay comunicaciones vía teléfono en los carros, pero no un celular en cada bolsillo. Y de la tercera revolución, la del depilado femenino (o deforestación del Monte de Venus), no tenemos noticia en el film. No hay un solo desnudo integral.

En lo que sí acertó Blade Runner fue en esa premisa según la cual los empresarios acabarían por tomarse el poder, convirtiendo a la política en un subgénero de la administración de empresas, algo insustancial, lejos de la idea aristotélica de la ética colectiva. ¿Cuál es el bien y cuál es el mal? En el film, los ‘replicantes’ se sublevan de una colonia de trabajo en otro planeta porque quieren ser tratados como humanos; hoy, en América Latina, los jóvenes, estudiantes, obreros, profesores universitarios y trabajadores medios también se sublevan contra el poder de los empresarios porque quieren ser tratados como humanos.
La nueva humanidad, ¿de qué lado está? En este post futuro todos somos ‘replicantes’ y nos habita la furia, la idea de la injusticia. Los agentes de uniforme negro y casco del Esmad, ¡cuánto recuerdan no sólo Blade Runner, sino a los malos de Star Wars! Lo importante es que desde el año pasado la sociedad civil latinoamericana volvió a descubrir (a veces los descubrimientos se olvidan) que las avenidas y plazas de una ciudad son también páginas en blanco en las que se pueden escribir agravios, para que, desde arriba, los poderosos (como el Tyrrell del film) lean y calculen cuál es la verdadera medida de su fuerza.

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