Cali de mis amores

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Cali de mis amores

Mayo 31, 2015 - 12:00 a.m. Por: Rafael Nieto Loaiza

Cali ha sido, literalmente, la ciudad de mis amores. Tres de mis novias de juventud, que fueron pocas, venían de la capital del Valle y habían aterrizado, por el trabajo de sus padres, en la fría capital en la que tuve a bien nacer. Sí, este columnista tiene el defecto de ser cachaco. Hicieron todas honor a la idea de que las caleñas son, de lejos, las mujeres más lindas entre las colombianas. Ellas eran, aún lo son, inteligentes, amables, divertidas, sumamente alegres y, además, bellísimas.¡Y bailaban como diosas! Con ellas superé, espero, mis defectos de bailarín rolo, y con ellas aprendí a disfrutar de la salsa, desde la clásica de Fania y todas sus estrellas hasta la de Niche, con sus canciones inolvidables. Del puente para acá está Cali, del puente para allá Juanchito, donde trasnoché, feliz y bien acompañado, menos noches de las que hubiera querido.Esas épocas, por cierto, no fueron fáciles. Los carteles extendían sus redes por la ciudad y por el Valle entero. Años amargos que dejaron violencia y corrupción y que permitieron el ascenso de políticos mafiosos allá y acá. No olvido que, sin embargo, el presidente elegido con dineros de esos carteles no es caleño sino cachaco y, para mi vergüenza y la de mis compañeros, es egresado del colegio en el que estudié. Con todo, vallunos y caleños lograron preservar una élite sana y valiente que logró mantenerse al margen de esa marea contaminadora y maloliente del dinero fácil. Y esa élite dio la pelea desde periódicos como este, El País, en la búsqueda de un renacer ético para Colombia. No ha sido fácil, es verdad, y aún hay por ahí grupúsculos de narcos y una gran mafia de narcoguerrilla con la que ahora se negocia en La Habana. Pero los caleños decentes no han cejado en la lucha y tienen por ello mi admiración y respeto.Cali para mi también es panela y azúcar, el sabor dulce de la caña. Y de Cali son también grupos empresariales, generadores de empresa y de empleo, como los Eder, los Caicedo o los Carvajal, que merecen reconocimiento y buena fama a lo largo y ancho del país. A los empresarios caleños les falta, es verdad, organizarse mejor para apoyar iniciativas dirigidas al desarrollo sostenible de la ciudad y del departamento, pero entiendo que estudian ya iniciativas como las de ProAntioquia, que tantas ideas y cosas buenas han dejado para ese departamento. Confío en que se concreten más temprano que tarde. Serán fundamentales para el futuro de la ciudad.Mi juventud fue una de Berenice, Angelitos empantanados y Destinitos fatales, una de lecturas recurrentes de Andrés Caicedo. Y hoy Cali tiene una oferta cultural singular, quizás no suficientemente conocida y aprovechada por sus habitantes. Por un lado, los esfuerzos de Delirio, esa mezcla sensacional de salsa, circo y orquesta, con origen en la música y los barrios populares de la ciudad, que nos sorprende y alegra por su excelencia. Por el otro, Lugar a dudas, un espacio de estudio y promoción de las artes plásticas creado y dirigido por Óscar Muñoz, uno de los tres más grandes artistas plásticos del país y, lo confieso, el que más me gusta y conmueve a mí. Su obra es, al mismo tiempo, poética y sutil y política y conceptualmente fuerte y sólida. Más allá de su nombre maravilloso, el esfuerzo de Lugar a dudas ha sido reconocido más allá de las fronteras y no hay grupo de críticos, curadores y coleccionistas internacionales que no venga a Colombia y haga un viaje especial a la Sultana a ver con sus propios ojos este exitoso experimento. Lo de Muñoz y su fundación merece todos los aplausos y reconocimientos y todo el apoyo que sea posible darle. Y ahí en Cali se crió y creció Óscar Murillo, el jovencísimo pintor que vive en Londres y que ha impactado con fuerza en el mercado mundial de las artes plásticas con precios que antes solo Botero había alcanzado. Aunque le falta madurar, tiene condiciones para ser mucho más que una estrella fugaz.Quizás por su ardua geografía, Colombia es, a diferencia de otros países del Continente, uno que no gira en torno de una única ciudad capital, sino uno de varios grandes núcleos urbanos. Entre ellos, Cali es el suroccidente. En un mundo que se integra y gira su mirada una y otra vez hacia el Pacífico, está llamada a ser la gran ciudad colombiana del Siglo XXI.

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