Columnistas
Por el camino de la empatía
Dado el derecho de los gobernados de cuestionar decisiones del gobernante, podemos estar en desacuerdo con algunas de ellas y manifestarlo.
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27 de ago de 2026, 01:00 a. m.
Actualizado el 27 de ago de 2026, 01:00 a. m.
Cuando se pierde el poder de gobernar después de una calamitosa administración, sus líderes no se resignan a existir sin el control y la manipulación que tuvieron. Prestos saltan a la tarima con un arsenal de demandas y críticas al nuevo gobierno, para desviar la atención de sus graves culpas, posando impolutos y sin consciencia de lo demás.
Llama la atención la conducta de los que hoy representan la oposición por su doble rasero, así como de los miembros del Pacto Histórico que guardaron silencio sobre el sinnúmero de actuaciones, agresiones y corrupción en el gobierno Petro. Nunca manifestaron rechazo alguno, y en cambio, ahora, desde el primer día, cada detalle les merece un juicio desde su pretencioso pedestal. No convence esta oposición por sus antecedentes e incoherencia, en su lugar, está el resto de ciudadanía y de la opinión en general, a las que sí les asiste la solvencia y libertad para manifestarse en cualquier sentido acerca de las políticas del actual gobierno.
Dado el derecho de los gobernados de cuestionar decisiones del gobernante podemos estar en desacuerdo con algunas de ellas y manifestarlo. Sin embargo, ello no es óbice para que al mismo tiempo se reconozcan las que objetivamente resulten convenientes o necesarias a los intereses de la Nación y de la población afectadas por el terremoto y las consecuencias de actuaciones del gobierno anterior. De lo que principalmente se trata es de sacar al país adelante, y resulta que el mandatario es su representante y ejecutor de la administración pública, de modo que no conviene atacar a ultranza y generar un ambiente caótico.
Es ahora cuando más se necesita unión y acompañamiento en torno a las arduas labores y gestiones por el bien común, entre Estado, empresas y particulares sin distinciones políticas, religiosas o regionales para emprender la restauración del país. Más aporta a esta finalidad, la solidaridad, las críticas o ideas constructivas y la vigilancia sobre los cometidos, porque estas manifestaciones surgen cuando por encima de las ideologías y dogmatismos nace la empatía por el otro, especialmente ante las tragedias que sobrevienen al hombre y a los animales.
Para la alemana, Edith Stein – judía, filosofa, feminista, monja carmelita y santa- la empatía (Einfühlung) es la experiencia de la consciencia ajena, es el acto por el cual percibimos y comprendemos la vida y los sentimientos de las demás personas, reconociéndole la dignidad al prójimo, base para el vínculo social. En su tesis doctoral ‘El problema de la empatía’, enseña que a través de los demás se expanden las fronteras que limitan nuestro conocimiento del mundo. Irónicamente murió en Auschwitz, víctima del feroz antisemitismo, ajeno a la empatía.
En su columna La dulzura del León, la escritora española Irene Vallejo, observa que, “la vieja sabiduría enseñaba a sentir como propio el dolor de los otros, incluso de los distintos, extranjeros o herejes. ¿Quién es nuestro prójimo? Preguntaron a Jesús. Contestó con la parábola del buen samaritano, ese forastero infiel que cuidó de un judío herido, pese a la enemistad entre sus pueblos”
Ante las catástrofes que derrumban las defensas y generan conexión con el otro reconociendo su fragilidad, se generan propósitos y fortalezas internas para la convivencia y reconstrucción, siempre que gobierno y ciudadanía actuemos con sensatez y justicia.







