Asesinar al genio

Asesinar al genio

Abril 21, 2019 - 11:50 p.m. Por: Paola Guevara

El 2 de mayo se conmemoran 500 años de la muerte de Leonardo Da Vinci, y los biógrafos revisionistas discuten si el calificativo de ‘genio’ ha sido contraproducente.

El problema con la palabra ‘genio’ es que señala la excepción, que debería ser regla. El genio se convierte en una rareza de la naturaleza y se le eleva a una categoría idealizada que produce, de hecho, pereza institucional.

Porque si la genialidad es propia de semidioses, entonces ningún reto tienen la escuela moderna, la inversión de los recursos públicos o la democratización del acceso al conocimiento.

Christian Gálvez, uno de los grandes estudiosos de Da Vinci en la actualidad, nos recuerda que el genio universal era probablemente “disléxico, bipolar y con déficit de atención”, pero pasó los primeros 5 años de su vida en una libertad sin límites, al crecer ilegítimo y lejos de las convenciones castrantes.

Si Leonardo hubiera nacido en esta época quizá habría sido un niño sometido a altas dosis de Ritalina y su madre, Caterina, condenada al desahucio de su hijo por parte de uno que otro neuropsicólogo.

Menos genios y más oficinistas, es lo que producimos. O como diría Picasso: “Cada niño es un artista. El problema es cómo permanecer artistas cuando crecemos”.

La primera escuela de Leonardo fue la naturaleza, la libertad para correr y explorar, para plantearse preguntas y maravillarse con los fenómenos de lo cotidiano. Más que ‘genio’ (sin decir que no lo sea) es el autodidacta por excelencia, quien trasegó por catorce áreas distintas del conocimiento.

Gálvez explora sus muchas facetas en el libro ‘Leonardo Da Vinci. Cara a Cara’, donde desnuda al renacentista como “un crío iletrado”, con tantos fracasos como aciertos, pero un maestro de la curiosidad insaciable.

En estos días de Feria del Libro de Bogotá que se avecinan, también recomiendo leer ‘Leonardo Da Vinci. La Biografía’, de Walter Isaacson (biógrafo de Steve Jobs), que nos revela a un Leonardo obsesionado por comprender los músculos de la lengua del pájaro carpintero, o la presión que ejerce la mandíbula del cocodrilo (hasta 260 kilos por centímetro cuadrado). Luego conectaba todo aprendizaje para crear.

Sea la conmemoración de estos 500 años la excusa para estudiar la vida de Da Vinci, dejarnos influir por su manera de mirar e inspirarnos a no asesinar el ‘genio’ potencial que reside en cada niño, en cada adolescente. Quizá también tenga salvación tanto moribundo, aconductado y mediocrizado niño interior con fama de adulto.

Sigue en Twitter @PGPaolaGuevara

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