Ojos de perro azul

Enero 20, 2022 - 11:40 p. m. 2022-01-20 Por: Ossiel Villada

Hace 35 años, por allá en 1987, el cantautor panameño Rubén Blades grabó un disco experimental que pasó a la historia por su extraña propuesta lírica y orquestal: siete canciones escritas a partir de siete cuentos de Gabriel García Márquez y una más que refleja la visión personal de Blades sobre el complejo universo literario de Gabo.

Todas ellas conservan la estructura básica de la Salsa -introducción, tema, montuno, mambo, coda-, pero están ejecutadas con arreglos que rememoran el rock de finales de los años 60, pues Blades sustituyó los metales típicos de la música latina por sintetizadores y le dio un papel preponderante a la batería en la sección rítmica.

El cuarto corte del Lado A de ‘Agua de Luna’, como se llamó esa producción, lleva el mismo título de un cuento que el diario El Espectador le publicó a Gabo en 1950: ‘Ojos de Perro Azul’. Recuerdo haberlo leído en mi clase de español, en el colegio Santa Librada, un año antes de que saliera el disco.

Y la melodía de esa canción se ha vuelto a colar por estos días en los bolsillos de mi mala memoria, pues me crucé con ella en alguna esquina de este enorme museo musical que es Cali.

Pero, además, porque me parece que es la banda sonora perfecta de una noticia que se divulgó hace pocos días, sobre el estado de ánimo del mundo al iniciar este 2022.

La noticia la dio la multinacional Edelman, una consultora de comunicaciones que opera en 28 países de los cinco continentes, incluido Colombia, y que realiza desde hace dos décadas una encuesta para medir esa ‘vibración’ global cuando inicia un nuevo año.

En su informe del 2022, Edelman reveló que el sentimiento que mejor refleja el ánimo de buena parte de la humanidad hoy, es la desconfianza.

“Solo un tercio del mundo cree que se puede confiar en la mayoría de las personas, el miedo a las noticias falsas está en su punto más alto (76%) y, a nivel mundial, más de la mitad (51%) de los encuestados creen que sus familias no estarán mejor dentro de cinco años”, dice.

El estudio es lapidario con algunos sectores y actividades: “Casi uno de cada dos encuestados ve al Gobierno y los medios de comunicación como fuerzas que dividen a la sociedad para obtener ganancias políticas o comerciales”.

Y aunque las empresas constituyen la institución más confiable de la sociedad (61% cree en ellas), tampoco se salvan. La gente encuestada cree que “no están haciendo lo suficiente para abordar los problemas sociales, incluido el cambio climático y la desigualdad económica”.

Sin duda, la desconfianza es la otra pandemia que golpea hoy al mundo. Es el combustible que alimenta la frustración y la chispa que termina detonando, en todo el planeta, estallidos sociales como el que vivimos en Colombia en el 2021.

La desconfianza, como rasgo principal del comportamiento humano, es lo que hoy observan los ojos desafiantes de ese perro azul que Blades describió de forma magistral en su canción:

“Ojos de perro azul, saltando de rostro en rostro en su soledad, midiendo al miedo en distancias por caminar, deseando encontrar su casa en lo que no es ya. Ojos de perro azul, tropezando por las calles con la maldad, riendo sarcásticamente al comprobar que hoy la mentira es más fuerte que la verdad…”

Tristemente, ese perro azul se pasea hoy libremente por las calles de esta Cali que tanto amamos.

La desconfianza, esa sensación sucia y apabullante de que no se puede creer en nadie, está destruyendo un rasgo que siempre distinguió a Cali, aún en las épocas más convulsas de su historia: su decisión de apostar por lo colectivo.

Poco a poco, por cuenta de unos sectores extremos y con la anuencia de una Alcaldía insensata que busca sacar provecho político de ella, la desconfianza ha venido creando una Cali plagada de guetos.

Los nichos de gente que rechaza la idea de convivir y compartir con otros, y que incluso acepta la premisa de que existen grupos de primera y de segunda categoría, abundan en nuestra ciudad. Se están convirtiendo en algo 'normal'. Y es lo peor que puede pasarnos.

Después de los sucesos trágicos del 2021, el gran reto que tenemos los caleños en el 2022 es recuperar la confianza. En los demás y en nosotros mismos. La confianza que siempre nos alentó a dejar de lado las diferencias sociales, económicas, políticas o de cualquier otro tipo, para unirnos en el poderoso abrazo de la solidaridad.

Es preciso revisar nuestra historia. Aún en sus momentos más oscuros, Cali siempre pudo unirse para enfrentar la adversidad, levantar la cabeza y encontrar un nuevo camino. Fue eso, y nada más, lo que realmente le dio a  esta ciudad el título de 'Sucursal del cielo'.

Y es momento de recordarlo. O seremos devorados inevitablemente por los ojos de ese perro azul que nos acecha.

(Y de fondo suena la melodía de 'Ojos de perro azul'. Rubén Blades y Seis del Solar. 1987)

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