Es la seguridad, estúpido

Es la seguridad, estúpido

Abril 04, 2019 - 11:40 p.m. Por: Ossiel Villada

La frase apareció en 1992 durante la campaña por la Presidencia de Estados Unidos. James Carville, estratega del entonces gobernador Bill Clinton, la escribió en un cartel que pegó en una pared para que los asesores del candidato demócrata no perdieran el foco en el que debían centrarse: “La economía, estúpido”.

Clinton siguió la receta. Se enfocó prioritariamente en el problema que golpeaba de forma directa y cotidiana al electorado americano, y derrotó a un presidente, George Bush padre, que un año antes de la votación alcanzaba la cifra récord de 90% en popularidad gracias a sus éxitos en política exterior.

Desde entonces lo que persiguen básicamente los asesores de las campañas políticas, siguiendo el ‘Mantra de Carville’, es ‘pegarle’ al tema que más preocupa, angustia o asusta a los votantes, y hacer que el candidato construya un mensaje convincente en torno a él, para lograr que le den el voto.

Suele decirse que la dinámica de las elecciones nacionales es muy distinta de la que tienen elecciones locales como las que tendremos dentro de seis meses en Colombia.

Quienes así piensan sostienen, entre otras cosas, que en las nacionales pesa mucho más el voto de opinión, el que depende de la discusión de asuntos un poco etéreos, como el modelo de desarrollo o la política internacional.

Mientras que en las locales la clave es el ‘voto amarrado’, el de maquinaria, el que depende de cosas más concretas y azarosas: un bulto de cemento, un puesto en la Alcaldía, un contratico, el almuerzo de mañana.

Todo ello es cierto. Pero también lo es que el electorado colombiano ha cambiado. Y, en el caso puntual de Cali, creo que el cambio es dramáticamente positivo.

Aquí ya no se gana una Alcaldía apelando al discurso primario de los ricos contra los pobres. Aquí ya no se triunfa solo comprando votos en las zonas más deprimidas del Oriente y la ladera. Aquí no es suficiente con proyectar la imagen de que uno ‘no va a robar’ o ‘va a robar poquito’. Aquí tampoco basta el discurso del ‘es que yo hice’.

Aquí hay un creciente electorado de opinión, en todos los estratos socioeconómicos, que además de pulcritud probada en el manejo de los recursos públicos reclama ideas concretas y viables a sus problemas y visión de futuro; gente con criterio que escucha, analiza, estudia,
pregunta y decide después de pensar.

No hay otra forma de explicar lo que pasó en Cali con las dos últimas elecciones locales, los resultados del Plebiscito por la Paz, las presidenciales del 2018 y la Consulta Anticorrupción.

Por eso creo que, en vez de estar echando tanto verbo, haciendo tanto acto simbólico improductivo y mirando tanto el retrovisor de un pasado que ya pasó, los aspirantes a la Alcaldía deberían estar comunicando puntualmente en qué se ven a enfocar para sacar adelante a Cali.

Si yo fuera candidato tendría claro el ‘Mantra de Carville’ y ya estaría enfocado en el que, a mi juicio, es el principal problema que preocupa, angustia y asusta a todos los electores caleños, independiente de sus convicciones políticas: la seguridad.

Porque pese a todos los avances hechos por Maurice Armitage, especialmente en materia de homicidios, la delincuencia parece no ceder terreno en la ciudad.

Y creo que el electorado de Cali, especialmente ese que piensa y ya no es indiferente, premiará a quien, por encima de todo, lo convenza de que sabe cómo evitar que los delincuentes nos sigan robando el celular, el carro, el bolso, la casa. Al que no solo sea experto en contar muertos, sino también en poner más cámaras, traer más policías, evitar más atracos, hacer más eficiente la Justicia local y hacer más prevención.
No hay que dar tantas vueltas. Es la seguridad, estúpido.

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