El reto de hoy es...

Escuchar este artículo

Mi reto de hoy es...

Septiembre 05, 2019 - 11:40 p.m. Por: Ossiel Villada

- No creer en la guerra. No apostar por la guerra en ninguna de sus formas. A ninguna hora y en ningún espacio. Mantener mi casa, mi trabajo, mi corazón a salvo de la guerra. No invocarla, no promoverla, no desearla para nadie, menos aún para mi país y la tierra de mis muertos, mis hijas, mis hijos y mis hermanos. Renunciar al agravio. A la necesidad de responder a cada insulto, a la mala intención, a la mala energía. El reto es dejar atrás las guerras que otros inventaron.

- No creer en la crisis. No entregarle mis alas ni mi poder personal para alzar vuelo otra vez. No permitirle nunca que tome asiento para siempre en mi conciencia. Menos aún si ha tocado a mi puerta de la mano de un problema como cualquier otro. No invitarla a pasar nunca, salvo para conversar sobre lo aprendido y construir con ella una nueva oportunidad.

- No olvidar la necesidad de cuestionarme y cuestionar. Hablar cada noche con la ‘Hermana Duda’ y no resignarme a las certezas del camino andado. El mundo, mi mundo, puede ser aún algo mejor que esto que inventé en la batalla contra mis propias limitaciones. No dejar que se apague mi llama interior “en el abrazo de la gente que tiene el corazón frío”. No transar mi dignidad para conservar la comodidad de mi zona de confort. No rendirme ante el apabullante tedio de lo cotidiano.

- Reinventarme. Al menos intentarlo. Cada día y a cada paso. Dejar de pensar que no existo si no hago lo que siempre he hecho. Olvidar la idea limitante de que soy solo eso que los demás ya conocen: mi profesión, mis rutinas, mis vicios, mis manías, mis errores, mis aciertos. Dejar de hacerlo como siempre se ha hecho simplemente porque sí. Permitirme aprender hoy haciendo algo nuevo.

- Revalorar todo lo que he aprendido, incluso aquellas cosas que parecen insignificantes. Redescubrir todos los saberes, capacidades y competencias que desarrollé a lo largo de mi vida y de las que ni siquiera soy consciente. Tejer con ellas una red que haga de mí un ser todavía más valioso para los demás. Volver a mirarme en el espejo como un universo siempre expansión.

- No caer en la trampa de mi ego. Ni permitir que mi humanidad se queme en la hoguera de mi vanidad. Restarme un poco de importancia y no tomarme tan en serio el mundo y su devenir. Nota: entender que cada acto de mi vida, este que hago ahora mismo, podría ser mi último acto sobre la tierra. Y que debo dar lo mejor de mí en él.

- No caer en las trampas del ego de los otros. Sobre todo las de aquellos que olvidaron que cada triunfo, como cada derrota, es algo pasajero. Y, parados sobre la montaña de su vanidad, encuentran en el conflicto su única forma de vida. Perder gustoso las batallas con quienes prefieren levantar muros, antes que tender puentes.

- Reconocer que aún me equivoco demasiado y sigo buscando excusas para justificarme. Tener más disciplina para aprender de mis errores.

- Pedir perdón a quienes lastimé. Admitir que tal vez pude pensar un poco más en sus expectativas, sus dolores, sus esperanzas y sus miedos. Nota: repararlos, perdonarme y seguir adelante, libre de la carga de la culpa.

- No aferrarme más. A nada ni a nadie. Liberar y liberarme de todo aquello que necesita irse para encontrar un nuevo camino y permitir que se expandan los míos.

- Agradecer siempre. A todo y a todos. A los que me enseñaron a caminar y también a los que me enseñaron a caer. Aquí estoy: “Sonriendo y de pie, siempre parao”.

- Entender y asumir el amor no como una emoción pasajera, sino como una decisión consciente que debo poner en práctica primero sobre mí. Y, sobre esa base, vivir siempre “amorosamente”.

- “Amar siempre, por encima de todas las cosas y aún después de la derrota, porque para eso he nacido”.

(Gracias a Rubén, Diego, Jorge, Kanka, Laura del Mar, Iván, María Isabel, Camilo, Luza, y a la memoria de Henry Holguín y el maestro Castaneda, por iluminar esta melodía. Amén).

Conecta con la verdad. Suscríbete a elpais.com.co
VER COMENTARIOS