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De ‘Quilla’ para Cali

Noviembre 12, 2020 - 11:40 p. m. Por: Ossiel Villada

Con bombos, platillos, Presidente de la República a bordo y un alboroto mediático digno de ‘La Guacherna’, Barranquilla acaba de lanzar esta semana una de sus grandes apuestas por el futuro: la construcción del Arena del Río, un megadistrito de entretenimiento de 31 hectáreas para el negocio de los conciertos, las actividades culturales y el deporte, a orillas del río Magdalena.

Los detalles del proyecto, que costará 407 millones de dólares aportados por inversionistas privados, y estaría listo en el 2024, dejan con la boca abierta a cualquiera.

El Arena del Río tendrá capacidad para albergar 53.000 espectadores, un hotel cinco estrellas con 750 habitaciones, cien apartamentos de lujo, club de negocios y una marina de tres puertos para cruceros y un puerto para deportes náuticos; estudios de producción de música, cine y televisión; locales comerciales, bares, restaurantes, un museo y la cereza del pastel: un campo de fútbol con dimensiones Fifa que puede guardarse cuatro metros bajo tierra para dar paso a una plataforma de conciertos. ‘¡Cipote vaina!’.

Debo confesar que el anuncio de los costeños me generó envidia de la buena, pero también una reflexión amarga sobre la miopía que nos ha caracterizado por años a los caleños.

Aunque la ciudad tiene una enorme vocación y un potencial económico probado en ese campo, aquí no hemos sido capaces de impulsar y materializar la idea de un espacio estratégico que acoja actividades culturales, deportivas y de entretenimiento de gran formato como la Feria de Cali o el Festival Petronio Álvarez, cuyo poder para mover la economía local ya está probado.

Tenemos las mismas condiciones de Barranquilla para competir, quizá aún más, y somos el enclave urbano de otra macro región donde el talento en todas sus expresiones -deporte, música, folclor, gastronomía, artes visuales, etc- florece silvestre en todos los rincones: el Litoral Pacífico.

Pero nada de eso parece importarle a nadie. Ni siquiera el hecho de que las cifras oficiales muestran el enorme potencial que tiene Cali en el campo del turismo de negocios, nos ha movido a hacer algo más para seguir creciendo en ese mercado.

Quienes me conocen saben que amo y defiendo a mi tierra por encima de cualquier cosa. “Lo que es con Cali es conmigo”, como decimos en el barrio. Pero tampoco puedo ser ciego. Y es imposible no notar que algo nos pasa a los vallecaucanos. Estamos aletargados, dormidos, ‘acuscambaos’.

Salvo el proyecto del Tren de Cercanías -que todavía está en el papel, pero va por buen camino para ser realidad-, no hay aquí ninguna otra gran apuesta que se proyecte como un motor de cambio y transformación para el futuro. Vivimos y pensamos ‘al día’.

Me perdonan de antemano las ‘fuerzas vivas’ de la región, pero la verdad es que parecen muertas. ¿Qué nos pasa a los vallecaucanos? ¿Dónde quedó la visión de grandeza de nuestros ancestros? ¿Y la ambición para impulsar ideas desafiantes? ¿Y la pasión por las causas colectivas?

Todo eso hoy parece perdido en una maraña en la que se entretejen egos enormes, estúpidas peleas de clase, intereses mezquinos, miradas cortoplacistas, arrogancia para gobernar, sueños muy pequeñitos y una debilidad patética para reclamar lo que merecemos. ¿O por qué creen que nos siguen ‘mamando gallo’ con la doble calzada a Buenaventura o con proyectos como la vía Mulaló-Loboguerrero?

Bien por ‘Curramba’, la ciudad de ese ‘barranquillero arrebatao’ al que muchos caleños sentimos como hermano. Al igual que lo hicimos aquí hace casi diez años, ellos allá han logrado cambiar radicalmente su narrativa de ciudad y generar una nueva energía que mueve, une y empodera a todos.

Algo muy distinto de lo que hoy pasa en Bogotá, Medellín y Cali, enfrascadas en peleas y visiones de mentes pequeñas. A los caleños, hay que admitirlo, se nos perdió el libreto. Hay que recuperarlo. Como dirían Richie y Bobby, ¡Agúzate Cali, que te están velando!

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