Habladurías

Habladurías

Febrero 08, 2019 - 11:40 p.m. Por: Óscar López Pulecio

¿Abusaba Gandhi sexualmente de las jóvenes que le servían como si fuera un dios? ¿Podía el presidente Kennedy mantenerse apenas en pie gracias una casi mortífera combinación de drogas?

¿Estaba Georges Pompidou incapacitado para ejercer la presidencia francesa meses antes de morir de leucemia en su cargo?, o caso similar, ¿estaba Virgilio Barco incapacitado para ser presidente de Colombia por el Alzheimer que padecía?

¿Tuvo María Teresa de Austria, la esposa española de Luis XIV, una hija con el diminuto esclavo negro que la servía? ¿Era Ricardo Corazón de León homosexual? ¿Era la reina Ana de Inglaterra lesbiana? ¿Desayunaba Winston Churchill con ginebra y nunca estaba sobrio?

¿No era Napoleón III hijo de Luis Bonaparte, ni Alfonso XII de Francisco de Asís?, para ir más lejos, ¿fueron los Césares romanos tan corruptos como dice el historiador Suetonio?

Las memorias del Duque de Saint-Simón son la más rica fuente de información no oficial del reinado de Luis XIV, pero cortesano como era, la mitad de lo que cuenta son los rumores que circulaban en Versalles, donde estaba enclaustrada la nobleza por orden del Rey y no tenían otra cosa en qué entretenerse que la maledicencia. O sea, mitad verdad histórica y mitad habladurías.

Pero igual ha sucedido en las crónicas que escriben quienes han estado cercanos al poder, en todos los tiempos. Lo que utilizan al final es un sutil mecanismo de venganza, conociendo el poder de permanencia de los chismes.

Suetonio, por ejemplo, quien escribió ‘Los doce Césares’, de Augusto a Domiciano, más de un siglo después de la desaparición de este último, es la versión romana de Saint-Simón.

Quizás quería resaltar las virtudes de la República describiendo las atrocidades no muy documentadas de emperadores como Nerón, Tiberio y Calígula, que hoy gracias a él son verdad revelada, o quizás sólo quería denostar del Imperio dado que había caído en desgracia con el emperador Adriano, por haber tenido demasiadas familiaridades con su esposa.

Hombres y mujeres colocados en la cima del poder, llenos de flaquezas, de quienes se dicen cosas terribles, ciertas o casi ciertas. Eventos que en su momento definieron el destino de las naciones. Gobernantes incapacitados, mujeres fáciles, corrupción rampante, o la simple debilidad de la carne magnificada por la posición del personaje. Creerlos ciertos es una delicia.

Esas fuentes inagotables de chismes son el material que usan el cine y la literatura para traernos versiones íntimas no comprobadas de vidas de personajes históricos, como un recurso para hacer más suculenta la trama, pero que quedan en la memoria del espectador como si fueran la verdad histórica.

La película ‘La favorita’ del director griego Yorgos Lanthimos, comedia negra nominada al Óscar 2019, sobre el reinado de Ana de Gran Bretaña, ilustra a la perfección este manejo entre irresponsable y divertido de la historia.

Es el más acabado catálogo de medias verdades sobre una mujer insignificante en cuyas manos muere la dinastía de los Estuardo a finales del Siglo XVII, por pura falta de herederos legítimos protestantes, desencadenando una guerra de sucesión entre católicos y protestantes, que va a terminar con la entrega del trono inglés a la casa alemana de los Hanover, quienes todavía están allí sentados. Un trío patético de lesbianismo, quizás producto de la imaginación del director. Puras habladurías. O quizás cierto.

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