Edificios fantásticos

Septiembre 18, 2020 - 11:40 p. m. 2020-09-18 Por: Óscar López Pulecio

Se cierran las fronteras físicas, pero se abre el mundo. Alguna vez la vuelta al mundo en 80 días como la soñó Julio Verne fue un récord. Hoy en el globo de YouTube es instantánea. Cada quien organiza su vuelta al mundo según sus preferencias, pero la arquitectura y el arte son siempre una buena selección. Y la arquitectura contemporánea de museos, como para quitarse el sombrero, si se usara. O la mascarilla para que se vea la sonrisa.

El recorrido puede empezar por el museo Guggenheim de Bilbao de Frank Ghery un arquitecto canadiense-americano que levantó en 1997 a orillas de la ría del Nervión, esa escultura, brillante y descompuesta, forrada en titanio, que brilla al sol. El arte que alberga es producto de la sociedad industrializada, sólida en su fábrica, frágil en su destino, brillante y equívoca, como el edificio mismo. Y allí cerca, en Valencia, la Ciudad de las Artes y las Ciencias de Santiago Calatrava es desde el 2005 como una gran nave espacial aterrizada en el antiguo cauce del río Turia, desviado por Franco. Es como transitar por el mundo del futuro, donde todo es blanco y perfecto.

Y una vez en París, una visita al Centro Pompidou, de los arquitectos Renzo Piano y Richard Rogers. Inaugurado en 1977, con ese aire de gran fábrica industrial, es fácil imaginar los amores y odios que despertó hace cerca de medio siglo, con sus turbinas y su estructura metálica desnuda en el corazón del París del Segundo Imperio, tan neoclásico, burgués y pretencioso. Sorprende aún. Y allí cerca, en el Jardin des Plantes, el museo Louis Vuitton, también de Frank Ghery, que desde 2014 es como un barco de vela transparente, anclado en medio de la naturaleza.
Producto de una alianza entre el mundo del lujo, una bella mujer vestida por un modista famoso, tomando champaña, y el del arte, que tiende a reflejar las miserias y las desesperanzas de la modernidad. Los elementos para un matrimonio feliz.

Una escala en África para visitar el Gran Museo Egipcio de El Cairo, diseñado por los arquitectos Heneghan Peng, Buro Happold y Arup, a punto de ser terminado. Será el mayor museo del mundo dedicado a una sola civilización. Albergará el fabuloso tesoro de Tutankamon, más miles de piezas del mundo egipcio antiguo. Es como la cuarta pirámide de Giza,
igual de minimalista y de enorme. Y estando cerca, un paso a la Nueva Biblioteca de Alejandría reinaugurada en 2001, veinte siglos después de que las tropas de Julio César que sitiaban la ciudad, la incendiaran en su ataque. Diseñada por los arquitectos de la firma noruega Snøhetta,
Christoph Kapeller, Kjetil Thorsen y Craig Dykers, es como un gran círculo inclinado hacia el mar, para dar entrada a la brisa.

De allí, solo un salto para llegar al Museo del Louvre de Abu Dabi, diseñado por el arquitecto francés Jean Nouvel. Es una enorme concha transparente con un entramado metálico que deja pasar la luz del sol y evoca las palmeras de un oasis. Producto de una multimillonaria alianza entre los gobiernos francés y de los Emiratos Árabes Unidos, permitirá la utilización del nombre del Louvre por treinta años, con préstamos de sus obras. Una demostración de lo que el dinero puede comprar. Y ya de regreso, un paso por los blancos cilindros superpuestos del Guggenheim de Nueva York, diseñado por Frank Lloyd Wright en 1959, solo para terminar de constatar alrededor del mundo el poder de una civilización, hoy tan desprestigiada.

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