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Convidados de piedra

Octubre 18, 2019 - 11:40 p. m. Por: Óscar López Pulecio

Una suposición razonable: las encuestas electorales tomadas entre poblaciones numerosas con pequeñas muestras técnicamente seleccionadas según su composición socioeconómica, tienden a medir correctamente las tendencias de la opinión pública. En el caso de las preferencias para la Alcaldía de Cali, en la encuesta de Yanhaas para El País, se entrevistan 600 personas, 88 de estrato 1; 198 de estrato 2; 226 de estrato 3; 30 de estrato 4; y 29 de estratos 5 y 6, cifras que representan la proporción de esos estratos en los estimados dos y medio millones de habitantes de la ciudad. Es una muestra pequeña, que se mantiene a través de las mediciones, la cual difícilmente refleja la influencia de las maquinarias electorales.

Si en el inventario de qué maquinarias políticas apoyan a quién, en la polarización que se ha creado entre dos candidatos Jorge Iván Ospina y Roberto Ortiz, se estima que hay fuerzas más o menos iguales, el voto que decidirá la elección será el de esa opinión medida por las encuestas. Opinión que se pondera por el peso de cada estrato socioeconómico, donde el 71% de la población pertenece al estrato 2 y 3; 85% si se le suma el estrato 1. O sea, el voto determinante en la elección de Alcalde de Cali va a ser el de la opinión de los estratos 1,2 y 3, así que lo que hay que analizar son las preferencias electorales de esos estratos, especialmente el 3, más numeroso.

¿Por qué esas preferencias? Un analista político juicioso diría que para ser alcalde de una ciudad se necesitan tres cosas: probada experiencia administrativa en el sector público, excelente preparación académica y fuerte arraigo popular. Un perfil ideal con excepciones, pues el actual alcalde Maurice Armitage fue elegido por todos los estratos sin tener ninguna de las tres. De los candidatos que encabezan las encuestas podría decirse que Alejandro Eder tiene la preparación académica y la experiencia administrativa, pero carece de arraigo popular; Roberto Ortiz, tiene el arraigo popular, pero carece de la experiencia administrativa y la preparación académica, y Jorge Iván Ospina tiene la experiencia administrativa, la preparación académica y el arraigo popular. Y eso se refleja en las preferencias de las encuestas por estrato.

De todos pueden decirse cosas positivas y negativas. Alejandro Eder, tiene una clara visión de servicio público, pero no formó un equipo que lo acompañara en el Concejo ni tiene una organización política de peso que lo apoye. Registra muy bajo en los estratos decisorios. Roberto Ortiz es un hombre hecho a sí mismo, con gran sentido práctico, pero proviene de ese mundo nebuloso de las apuestas. Jorge Iván Ospina tuvo como alcalde una visión futurista de ciudad, cuya ejecución se extendió a las alcaldías sucesivas, pero tiene unas investigaciones que pueden comprometer su futuro como mandatario, aunque sea inocente hasta cuando no se demuestre lo contrario. Ospina y Ortiz se pelean los estratos decisorios, Ospina a la cabeza en el estrato 3.

El tío Baltasar, un perverso, dice que la opinión de los estratos 5 y 6, tan presente en los medios de comunicación, tan crítica, despiadada y moralista, que se define a sí misma como la clase dirigente, es por su reducido tamaño (15%) poco menos que una convidada de piedra en ese proceso. Y añade que con frecuencia se equivoca por la desconexión que existe entre esa dirigencia y la gente.

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