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Vergüenza americana

Octubre 09, 2020 - 11:40 p. m. Por: Muni Jensen

Faltan tres semanas para las elecciones en Estados Unidos, que lleva casi ocho millones de contagiados de covid y acumula 46.000 enfermos al día. El país que se gana todos los premios mundiales en la categoría de ‘peor manejo de la pandemia’. Cuyo presidente, recién contagiado y por un par de días gravemente enfermo, llama al virus un regalo de Dios, dice sentirse mejor que hace veinte años, y se declara totalmente curado.
Como si hubiera estado en un ‘spa’ relajante en alguna isla paradisíaca.
Otra vez sin máscara, poco le importa qué puedan pensar las familias de las víctimas ni los enfermos graves ni los que llevan meses sin ver a sus seres queridos.

La economía americana acumula semanalmente desempleados y deuda. Los cierres de pequeñas empresas, grandes superficies, restaurantes y marcas reconocidas, industrias enteras como el entretenimiento en parálisis, y almacenes cerrados oscurecen las grandes ciudades y pequeños pueblos en todo el país. Hay gente en la calle, aumenta el hambre y las quiebras diarias.

En las calles, manifestantes con máscara se enfrentan a policías que empuñan armas de guerra. Los extremistas de ambos lados publican manifiestos con lenguaje de miedo, se habla de golpes de Estado y secuestros de gobernadores. Los debates electorales se caracterizan por gritos y evasivas, mentiras abiertas de quienes están en el poder, y poca profundidad de aquellos que lo aspiran.

Los mandatarios y ciudadanos del mundo entero leen desde lejos, estupefactos, los titulares de Estados Unidos, los trinos locos del presidente, las maniobras mediáticas de los opositores, la trivialización del uso del poder, el exceso, la estupidez, la mentira cochina. Los americanos se convirtieron en protagonistas de su propio ‘reality’ absurdo y vergonzoso. En todos los idiomas se reenvían por WhatsApp chistes, vídeos, afirmaciones falsas sobre los hechos de la campaña y en todas las esquinas del mundo se ríen del sueño americano.

Estados Unidos, promotor de democracia y ejemplo de superación y prosperidad, aquel superpoder que triunfó en guerras calientes y frías, hoy se transformó en un circo mundial. Trump es la cara visible de esta caída, el payaso mayor, pero no es el único culpable. Su triunfo en 2016 y posible reelección en tres semanas son testimonio del espiral de identidad, del colapso moral y cultural. La confianza de la sociedad en sus instituciones se perdió, y sin ella, el edificio se está cayendo. Las campañas políticas están exclusivamente basadas en el miedo, nunca en la esperanza. En la división y no el consenso. En los extremos por encima de la moderación. En lo inmediato por encima del futuro. En la mentira y no en las cifras. En la glotonería que terminó por destruir su ejemplar democracia liberal.

Hoy el país, con la lupa del mundo puesta sobre él, no confía ni en su propio proceso electoral. Aquella nación líder en progreso, tecnología, ciencia y conocimiento, ha dejado de creerle al sencillo y centenario servicio postal. Con esa misma lupa se hacen aún más grandes las grietas sociales, las fallas en la salud y la educación, la ausencia de grandeza de sus gobernantes, y lo que es peor, la pérdida absoluta de un propósito común.

Esa es la foto de hoy. Una que revela todas las arrugas de este joven país. Y que ojalá Joe Biden mayor, con arrugas propias y una larga trayectoria de servicio público, humano, lleno de fallas y buenas intenciones, acompañado de Kamala, formidable senadora llena de energía y de opiniones fuertes, pueda reversar, o al menos contener.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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