Mi protesta

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Mi protesta

Noviembre 22, 2019 - 11:40 p. m. Por: Muni Jensen

No quisiera escribir de las marchas, ni de los paros y protestas. Ni hacer comparaciones entre el descontento en Colombia y las manifestaciones en Chile, en el Líbano, en Bolivia y en Iraq.

Que América Latina ya va a estallar. Que si son de derecha o de izquierda, consecuencias de una clase media con más poder adquisitivo y más necesidades insatisfechas. Si son culpa de las redes sociales o de la corrupción. Estoy cansada de indignarme con los gobiernos débiles y sin contundencia, con los manifestantes oportunistas que se confunden con los que buscan la legítima expresión de sus derechos.

No quiero ver más alocuciones presidenciales con himno y bandera prometiendo la unidad que nunca llega, ni videos con gritos y balazos, vidrios rotos y gente arrastrada por la calle que me dejan temblando. Me importa cinco cuáles periodistas ‘formadores de opinión’ van a marchar y por qué si o no. Me indignan también los llamados estúpidos y oportunistas a la desobediencia por parte de opositores políticos que aprovechan el río revuelto para llamar la atención.

Me revuelven el estómago los llamados a matar a los maleantes y los deseos de tumbar gobiernos, y los policías con las caras llenas de sangre. Quiero cerrar los chats de WhatsApp donde circulan fotos miedosas y manifiestos incompletos, información de dudosa fuente y desacuerdos tensionantes entre amigos y familiares. No quiero saber si en Hong Kong y en París siguen en la calle.

Comparto la rabia. Con los gobernantes por flojos, con la oposición por politiquera, con la iglesia por incapaz, y con las empresas por mirarse al ombligo. Al leer las noticias mundiales provoca tirar la toalla.

En Israel el presidente Netanyahu está acusado de corrupción, en una de varias investigaciones por delitos y maniobras. Uno más. En Estados Unidos la CNN alterna su cobertura entre el juicio político contra el mentiroso de Trump y un debate eterno entre el puñado de demócratas que se tropiezan e interrumpen entre si para decir todos la misma cosa. En un lado, los adultos mayores izquierdistas, siempre tan enojados: Bernie Sanders y Elizabeth Warren ofreciendo gratis educación y salud sin explicar cómo pagarla. Biden enredando las palabras e invocando a todo momento a Barack Obama. Los representantes de las minorías raciales y sexuales abogando por sus votantes, y unos personajes que aparecieron de la nada y que no tienen lugar en el podio porque nadie sabe cómo se llaman.

Queda la sensación de que no hay un candidato suficientemente fuerte como para ganarle a Donald Trump, y a la vez está la certeza de que cualquiera, con el resto del grupo en su gabinete, lo haría mil veces mejor que el actual Presidente.

Me entretengo con las imágenes del papa Francisco en Tailandia, visitando reyes y hospitales, acompañado por su prima-monja-traductora, hablando de la responsabilidad de la iglesia con los pobres y obrando en consecuencia. Hasta el Papa se hartó de hacer política y se ha vuelto un puro misionero. Ya reconoció la inutilidad de enfrentarse a los poderes radicales del Vaticano que chocan con su mirada abierta a la diversidad del mundo y con sus llamados a mitigar el capitalismo desbordado. Tampoco ha podido resolver la epidemia de pedofilia y encubrimiento de los curas en todo el mundo.

Así que a sus 82 años viaja, sana, y siembra donde puede su mensaje de unidad y solidaridad. Buena decisión, y tal vez un llamado a que cada uno cultive su jardín, ayude a sus amigos y le dé la mano a quien tenga a su alcance.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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