Lo bueno y lo malo del G7

Julio 01, 2022 - 11:40 p. m. 2022-07-01 Por: Muni Jensen

Esta semana se llevó a cabo en Madrid la cumbre del grupo de los 7, aquella unión creada en 1973 que incluye las democracias y economías más avanzadas del mundo. Los líderes de Estados Unidos, Canadá, Alemania, Italia, Japón y Reino Unido, conjuntamente con la Unión Europea (que cuenta como uno), se dieron cita para discutir los grandes temas de la agenda global. Esta vez, Ucrania fue el plato fuerte. 

El mayor logro de la cumbre, que no sucede casi en estos foros, fue que los líderes alcanzaron una meta concreta: mandar un mensaje unido y contundente contra Putin. Firmaron una declaración de imponer restricciones al oro ruso y eventualmente al petróleo de ese país.  Si resulta, sería una patada económica a Rusia y un mensaje de unión al mundo de que el poder de Occidente todavía manda, aún sin el liderazgo de Angela Merkel y a pesar de las diferencias políticas dentro del grupo.

Hablando de Alemania, sorprendió positivamente el nuevo canciller, Olaf Scholtz, que como líder de este encuentro manejó con destreza los temas, enfrentó a la prensa y puso de acuerdo a sus colegas, despejando las dudas sobre su liderazgo y la fama de débil que había cultivado dentro y fuera de su país. Se reivindicó, generando resultados claros y consensos importantes. 

Una buena noticia de la reunión fue para el sector privado, que quedó contento tras el compromiso de avanzar una agenda global orientada al crecimiento y al fortalecimiento del sector financiero, y una palmada en la espalda a la globalización y al aumento del comercio e inversión. En un mundo que parece retroceder hacia el proteccionismo y la imposición de barreras comerciales y restricciones a la inversión, el mensaje de apertura y globalización para los negocios alentó a los empresarios.
Igualmente, el compromiso colectivo de invertir en infraestructura pública y privada en países en desarrollo indica que por fin están reaccionando a la expansión China con un plan concreto de contrapeso.

Hubo logros adicionales que crecen a la Otan como el compromiso de incluir a Suecia y Finlandia. Esto se logró convenciendo el presidente Erdogan, de Turquía, que como amigo de Putin se había opuesto y luego sorprendió con su apoyo. Además, el grupo trazó un plan de seguridad para fortalecer a la Otan en la defensa de Ucrania y en eventuales conflictos. Otro ganador fue el cambio climático, tras los compromisos de fortalecer las economías sostenibles con propósitos prácticos.  

Pero aún en Madrid hay nubes y esta vez la preocupación del Grupo fue la amenaza comercial, la agresividad y la desestabilización geopolítica que representa China. Se vio la falta de un plan conjunto para ponerle freno a los apetitos expansionistas, y al empeño en dominar el mundo. 
Otra mancha fue la gran interrupción que representó para Estados Unidos, peso pesado de la Cumbre, el estallido que supuso el fallo de la Corte Suprema frente al aborto la víspera de la inauguración. Lo que iba a ser la oportunidad de posicionar a Joe Biden como líder global, se volvió un circo mediático, en el que tuvo que ponerle la cara a la prensa mundial para opinar sobre el fallo, dar explicaciones sobre otros temas domésticos, enfrentar que el resto del mundo vea a su país como una caldera de conflictos y un vehículo en reversa en libertades, inflaciones y violencia. 

Un desacierto: la agenda paralela de las primeras damas en las cumbres está mandada a recoger. No hace falta la agenda cultural paralela como si fueran los años 50. Los siete miembros del Grupo son supuestamente los más progresistas en temas de género. Deberían eliminar esa pantomima diseñada para fotógrafos de farándula. 

El resumen fue positivo: Occidente existe y tiene fuerza, Putin tiene un frente unido en su contra, la globalización es necesaria y no ha muerto. El sector privado es prioridad, líderes como Scholz se crecen en momentos de crisis y el consenso es indispensable para avanzar. Estados Unidos está en crisis existencial, China es una amenaza y la seguridad y el planeta son prioridades siempre. Y que no es necesaria la agenda de cónyuges.

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