Falsos cosmopolitas

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Falsos cosmopolitas

Julio 06, 2018 - 11:40 p. m. Por: Muni Jensen

Washington se despertó el pasado 4 de julio, día de la Independencia, de fuegos artificiales, de desfiles callejeros y camisetas rojas, blancas y azules, con la noticia de que las Fuerzas Militares, por instrucciones de Donald Trump, empezarían de inmediato a expulsar a los soldados inmigrantes. Mientras en los pueblos y en las grandes ciudades se honraba con la bandera a los combatientes, en una oficina sin ventanas empezaba una cacería de latinos, asiáticos y africanos que prestan servicio y no podrán portar más el uniforme militar. El mismo día se confirmó que aún hay 3000 niños separados de sus padres viviendo en condiciones infrahumanas en centros de detención en la frontera entre Texas y México.

Al otro lado del mundo y en la misma semana, la canciller Angela Merkel dio un revés a su política migratoria para salvar su pellejo y apaciguar a su ministro del Interior, y acordó construir campos fronterizos para los que buscan asilo, y bloquear la entrada de inmigrantes en la frontera con Austria. El gobierno italiano que ganó las elecciones con un discurso de exclusión, celebró el acuerdo.

La crisis mundial de desplazados es una realidad ineludible y será el principal problema humanitario y el mayor irritante político de las próximas décadas. A las playas europeas llegaron más de doce mil migrantes en la primera mitad del 2018. En el último año Alemania recibió más refugiados de los que han entrado a Australia desde la Segunda Guerra Mundial. En Chile el presidente Piñera calculó que en los primeros meses de 2018 han llegado al país más de un millón de extranjeros a buscarse la vida, muchos de ellos provenientes de Haití. Los cálculos de venezolanos en Colombia superan el millón en un año. Y ya nos sabemos las tristes cifras de refugiados sirios, de más de 10 millones. Mientras haya guerra y hambre, el mundo seguirá inundado de una gente que huye y de legisladores que intentan contenerlos.

Pero no solo los políticos son incoherentes. Todos celebramos la globalización, mientras no afecte la comodidad ni llegue muy cerca. Las revistas de viajes publican listas de las ciudades más cosmopolitas, destacando la diversidad étnica, de idiomas, cocina y cultura en París, Nueva York, Toronto, Barcelona y Dubai. Nos encantan los sabores y colores vistosos, la variedad en música y el teatro, los bazares y mercados, y la moda tan ‘cool’ con aportes de todos los continentes. Cada vez aprendemos más idiomas, viajamos a más destinos, cocinamos con más especias y bailamos ritmos diferentes. Nos decimos tolerantes y abiertos a los demás, aunque para relaciones cercanas casi siempre resulta más fácil en cuanto más se parezcan a nosotros. Nos ufanamos de vivir en barrios ‘diversos’. Pero sabemos que no es lo mismo un expatriado que un refugiado, un ambiente multicultural que un campamento de desplazados. Que hay una brecha entre trabajadores ilegales y empleados itinerantes, y entre los que huyen por violencia o escapan por aventura.

Hay un abismo entre los ejecutivos y diplomáticos que llegan con títulos, empleo y viáticos a acomodarse en un nuevo país, y las familias que atraviesan kilómetros de tierra y mar y se juegan la vida en busca de un oficio y una escuela. Hay inconsistencias entre los países ricos que se dicen abiertos, y las leyes draconianas que expulsan, excluyen y encarcelan. Las palabras los diferencian: expatriados o inmigrantes. Barrios diversos o asentamientos. Política humanitaria o xenofobia. La solución no existe en los extremos ideológicos, ni el problema desaparecerá.

Este 4 de julio en Washington estallaron con los fuegos artificiales todas las contradicciones del mundo actual. Por un instante se olvidaron la intolerancia, el miedo y el racismo, se borraron el rechazo y el odio, mientras el cielo se iluminaba de rojo y azul. Los niños salvadoreños, las jóvenes colombianas e italianas, las familias diplomáticas y los cocineros mexicanos y vietnamitas, los taxistas etíopes y los soldados inmigrantes a punto de perder su uniforme, levantaron la mirada hacia el cielo, fugazmente iluminado. Luego el humo, la oscuridad, y la realidad.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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