El fracaso del Brexit

El fracaso del Brexit

Enero 11, 2019 - 11:35 p.m. Por: Muni Jensen

Theresa May, primera ministra del Reino Unido, se enredó con el Brexit. Su gobierno presentará en los próximos días al parlamento de su país el acuerdo que fija las condiciones de la salida británica de la Unión Europea. El paquete de medidas de más de 800 páginas, producto de meses de negociación con Bruselas, incluye un plan de transición para temas fronterizos, de comercio, transporte, visados y legales, y una declaración política que fija un período de adaptación de 20 meses para que las medidas entren en vigor. Así sería teóricamente menos traumática la salida. Suena lógico, pero todo indica que el parlamento rechazará el plan por desacuerdos comerciales de fondo, dejando a los ingleses en un limbo incomprensible y al gobierno en profunda crisis.

El próximo 15 de enero, fecha del voto, se ha convertido en el día D para Brexit. Si se rechaza el acuerdo, se borra de la mesa el período de gracia y transición. Así las cosas, un Brexit sin plazos entraría en vigencia plena a las 11 p.m. del 29 de marzo, dejando al país a la deriva, sin definir las fronteras, ni la ciudadanía de los ingleses, ni las leyes que protejan a los tres millones de europeos que viven en el país, ni del millón de ingleses en otros países de la UE. Nadie sabe qué pasará con los controles para la mercancía, las tarifas de celulares, ni el tránsito de los alimentos. Se anticipan camiones parados, supermercados desocupados, protestas. Caos total.

Todos se preguntan en qué momento se armó semejante lío. Inglaterra, el gran imperio del mundo, sinónimo de civilización y de grandeza, se ha reducido a un país roto, sin líder, a un caos sin brújula con un gobierno fallido. El origen de lo que hoy viven los ingleses fue en 2013, cuando el entonces primer ministro David Cameron manifestó que estaría de acuerdo con un voto sobre la permanencia de Inglaterra en la Unión Europea. Tres años después, en junio de 2016 se realizó el referendo en el que, por un pequeño margen, los ingleses votaron a favor de retirarse. Renunció Cameron, llegó May, y en julio empezó a correr el reloj de dos años para el retiro definitivo. Desde entonces han seguido intentos fracasados de negociaciones, votos de no confianza a May, líos con Irlanda del Norte, con los pescadores y camioneros, meses de incertidumbre, con media población que se opone a la salida.

Ante la falta de soluciones, en estos últimos días de pánico han surgido alternativas. Hay quienes proponen votar nuevamente, con la esperanza de que esta vez el voto sea para quedarse en Europa. Este plan, aunque tentador, es riesgoso no solo porque si sale a favor deja a medio país (que votó para salirse) legítimamente indignado, y si sale en contra queda todo en las mismas. También se habla de buscar otra extensión de la fecha límite y seguir negociando con la UE. Pero es poco probable que se logren más concesiones, ya que el Brexit lo aprobaron 27 países, dejando poco espacio para cambios.

Hay muchos ingleses arrepentidos que quisieran devolver el calendario y olvidar el entusiasmo independentista. Pero no hay que ignorar a los creyentes del Brexit, que están cansados de las reglas de Bruselas, de sentirse amarrados económicamente a la Unión Europea, y que genuinamente apoyan el retiro. Nadie está contento.

Lo cierto es que hoy no es clara la suerte del Brexit. El texto existente lo van a tumbar en el parlamento. Un Brexit sin acuerdo es el principio del fin, la peor alternativa posible dentro y fuera del país. Renegociar es improbable, ya que las partes no tienen capacidad de maniobra. Repetir el voto es logísticamente difícil, democráticamente cuestionable, y la reversa no está asegurada. May está acorralada y los partidos divididos. Lo único positivo de estos dos años de autodestrucción política de un gran país, es que quizás reduzca el entusiasmo por los referendos, por el independentismo y por convertir el descontento en una pesadilla irreversible.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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