El circo de Biarritz

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El circo de Biarritz

Agosto 30, 2019 - 11:40 p.m. Por: Muni Jensen

La semana pasada se llevó a cabo la cumbre del Grupo de los Siete -G7- en el glamuroso balneario francés de Biarritz. Este grupo, fundado tras la crisis petrolera de 1973, incorpora los líderes de las siete economías más avanzadas del mundo para encontrar soluciones macroeconómicas y busca crear un espacio de diálogo y acuerdo común sobre las grandes poblemáticas globales. Se reunieron esta vez los jefes de estado de Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Japón y el Reino Unido con una agenda que incluía el comercio, las aspiraciones nucleares de Irán, temas de Ucrania y Libia y la crisis de Hong Kong, terminó por primera vez sin declaración común, y dejó al grupo y al supuesto mundo industrializado con un sabor agrio.

En vez de grandes propuestas y expresiones de consenso, los titulares desde el Hotel du Palais, que coincidieron con las imágenes de la Amazonía ardiendo, se centraron en una discusión infantil del presidente brasileño Jair Bolsonaro con Emmanuel Macron de Francia, sobre un apoyo económico a Brasil, en la cual entre discusiones Bolsonaro se burló de la apariencia de Brigitte Macron, y como niño petulante que se lleva el balón a casa cuando pierde, se negó a aceptar la ayuda hasta recibir unas disculpas del francés. Por Twitter dijo además que si Macron no había podido con el incendio de Notre Dame en París, poco podría ayudar a salvar la Amazonía.

El mayor aporte de Donald Trump fue ofrecerse a recibir al grupo en su hotel del Doral en Florida, donde según él “cada país tendría su bungalow”. Este hotel está en dificultades económicas, y la propuesta no solo le ganó la burla mundial sino una investigación de la comisión jurídica de la Cámara de Representantes. Mientras tanto la foto del cariñoso beso de su esposa Melania con el joven Justin Trudeau de Canadá dio la vuelta al mundo. La otra propuesta que defendió apasionadamente el presidente americano fue volver a invitar a Rusia al grupo, tras su expulsión en 2014 por la anexión de Crimea, lo que le costó amargas discusiones con Angela Merkel y Trudeau. El único apoyo a la propuesta vino del italiano Giuseppe Conte, que no aguantó su propia crisis y renunció al cargo al regresar a su país.

El anfitrión Emmanuel Macron intentó posicionarse como el gran estadista de este encuentro, buscando posiciones moderadas en las discusiones sobre la guerra comercial con China, y de mediador entre Estados Unidos e Irán. Lo logró parcialmente, pues la retórica de Trump sobre China se ha moderado por ahora, y se mostró abierto a reunirse con Hassan Rouhani, presidente iraní. Fueron quizás las únicas luces tenues que se asomaron desde los dorados atardeceres de Biarritz

Es difícil pretender que las cumbres produzcan resultados. Más allá del absurdo contraste de las cenas a manteles y las imágenes de los líderes del mundo paseando por jardines bien cuidados mientras se incendia el Amazonas y millones de personas pasan hambre, hoy los líderes están pensando solo en su propia supervivencia. Donald Trump busca titulares para su campaña de reelección, Trudeau enfrenta unas difíciles elecciones en Canadá en octubre y una investigación por corrupción y solo busca mantenerse a flote. Angela Merkel, cuyos problemas de salud y la crisis dentro de su partido podrían anticipar su salida no ejerce más como capitana del mundo occidental. El propio Macrón amanece cada día con menos aprobación (ya va en el 27%) y feroz oposición de derecha e izquierda, Boris Johnson estrena puesto y la gordísima tarea de maniobrar el Brexit. El japonés Shinzo Abe vive en un sándwich en la amarga guerra comercial entre China y EE.UU., y el italiano ni sobrevivió la semana.

Basta ya de las elegantes e inútiles cumbres, y por favor, de los desfiles forzados y anacrónicos de las bien vestidas primeras damas. Son manifestaciones de nostalgia de épocas donde las conversaciones civilizadas ahumadas con tabaco resolvían las guerras, cuando al menos parecía haber propósitos comunes y un compromiso real con el bien común. Y cuando los líderes lo eran de verdad.

Sigue en Twitter @Muni_Jensen

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