“Fue un venezolano”

“Fue un venezolano”

Julio 03, 2018 - 11:55 p.m. Por: Melba Escobar

Invito a mi vecina venezolana del piso de abajo para que me hable de personas que, como ella, llegaron a Colombia con un empleo, o bien con un capital para garantizar su subsistencia. Es venezolana, de ojos claros y piel muy blanca. Su familia es de ascendencia Suiza. Lleva cuatro años en Bogotá, antes vivió en Sao Paulo por el trabajo de su marido en una multinacional. Antes de entrevistarla he averiguado que Venezuela tenía 10 veces más PhDs de los que había en Colombia hace 10 años, y un ingreso por habitante tres veces mayor al nuestro. Quizá por eso no me sorprende cuando la cuñada de mi vecina que ha venido a acompañarla, dice: “Para nosotros el colombiano solía ser la empleada del servicio doméstico, el jardinero, personas de bajos ingresos sin mucha educación que venían al país a buscar dinero”.

De 180.144 colombianos censados residentes en Venezuela en 1971, la cifra aumentó a 609.196 en el 2005. Si en Colombia había conflicto y desigualdad, en el vecino país había estabilidad y riqueza, en gran medida por cuenta del petróleo. La cifra de colombianos en Venezuela alcanzó su techo en 2011 con 721.791. Sin embargo, a partir del 2012, no ha hecho otra cosa que decrecer mientras la de venezolanos en Colombia sigue al alza. Hoy en día, hay 1.000.000 de venezolanos en Colombia, entre regulares e irregulares.

La cuñada de mi vecina me cuenta que llegó la semana pasada de Venezuela. Su esposo es un médico colombiano, ella tenía una agencia de publicidad en su país. Comenta con frustración que aquí, después de muchos intentos, desistió de trabajar: “En Colombia, si no tienes las conexiones adecuadas, no puedes hacer nada. No basta tener un buen portafolio, son las relaciones las que cuentan”. Con una mezcla de vergüenza y empatía admito que es cierto.

Por su parte, mi vecina, comenta: “Aquí la gente lo ha tenido siempre duro. A diferencia de nosotros que fuimos muy prósperos, aquí la pobreza nunca ha dado tregua”. Y vale aclarar, la pobreza mezclada con la riqueza. En Colombia, el salario de un Congresista es 40 veces el salario mínimo. Y eso que se supone que los funcionarios ganan salarios bajos. ¿Qué decir de un empresario? ¿Un presidente de una multinacional? Decir 100 veces o 150 veces el salario mínimo no es una exageración. Y no estoy hablando de un puñado de casos.

Comentan los casos de rechazo y discriminación que han sufrido por cuenta de su nacionalidad. Me pregunto cuántas veces en los últimos meses escuchamos a los medios de comunicación, y a la gente, incluso a las autoridades, señalar como responsables de robos y agresiones a venezolanos sin que se haya llevado a cabo el debido proceso: “Fue un venezolano”, “el ladrón tenía como acento venezolano”, “el violador parecía venezolano”, “la banda presuntamente de venezolanos”. Y es así como quienes han sido históricamente nuestros hermanos pasan a ser el chivo expiatorio para todo lo malo que sucede. Quizá lo que más me duele de esta historia es pensar cuánto hemos sufrido los colombianos por cuenta de la estigmatización que ahora ejercemos. ¿O ya se nos olvidó que fuimos culpables de casi todo en los años 80? ¿O será precisamente por eso que somos tan injustos? Lo cierto es que aquí hay una parábola que aún no logramos descifrar. Mientras lo hacemos, no estaría de más preguntarnos cuáles son las motivaciones que impulsan nuestras opiniones, y qué tanto nos consta la información antes de propagarla como fuego sobre leña.

Sigue en Twitter @melbaes

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