Ritmo de carnaval (III)

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Ritmo de carnaval (III)

Enero 01, 2020 - 11:50 p. m. Por: Medardo Arias Satizábal

En su estudio sobre el carnaval Mónica Rector da a conocer las características de los Ranchos, Scolas y Grandes Sociedades dentro del festejo de Río.

Dice que para el pueblo las scolas representan el sentimiento puro de la fiesta. Se acompañan en los desfiles con grupos de percusión, cuicas y tamborines y evitan el exceso en los adornos. Los Ranchos marchan acompañados por orquestas; su música es melancólica y su atavío denota lujo, puesta en escena. Lo que se colige del estudio de la Rector, es que nuevamente el carnaval se presenta como escenario de la eterna disputa entre los dionisíaco y lo apolíneo.

Esas dos categorías filosóficas van por las calles de Río. El derrocamiento del Rey Momo en 1935, por parte del ‘Ciudadano Momo’, fue un ejemplo de ello. El hombre de la calle que reemplazó al monarca fue el cantante Silvio Caldas. En ese gesto se advirtió el deseo de muchos ciudadanos de eliminar las mojigangas del rey.

En 1936, el segundo Ciudadano Momo, Paulo Portela, leyó este bando: “Yo, el Ciudadano Momo, elegido por los ‘folioes’ -pobladores de esta ciudad de Sao Sebastiao de Río de Janeiro-, de acuerdo con el poder que se me ha otorgado durante los tres días de locura, y tomando en consideración que nuestro régimen republicano no liga con un reino, ni siquiera en época de carnaval, considerando que el samba nació en los barrios bajos y que el rey no visita los barrios bajos, determino que durante el tiempo de carnaval no puede existir vasallaje…”.

La filosofía de la transgresión se apodera de quienes, inmersos en el oleaje festivo, pierden todo temor ante la desaparición de las normas sociales. Invalidada la norma, anota Umberto Eco, “nos sentimos vengados por el personaje cómico que desafía el poder represivo.
Naturalmente, al establecer un mundo al revés en el que los peces vuelan, los pájaros nadan, zorros y conejos persiguen al cazador, los obispos se comportan como locos y los tontos son coronados, nos sentimos libres por razones sádicas; lo cómico es lo diabólico recordó Baudelaire…”.

El carnaval es todavía una isla donde hombres y mujeres desaparecen transitoriamente de sus identidades originales. Ivanov, en su teoría semiótica del carnaval, afirma: “La inversión de la oposición binaria hombre/mujer, esencial para los esquemas cosmogónicos de la mitología Ainu, resulta ser un factor determinante en los ritos que incluyen inversión de status. En los mitos Ainu, los hombres menstruaban y las mujeres no; el mar estaba en el lugar de las montañas, y estas en el sitio del océano…”.

En comunidades afroamericanas, subsisten rituales bantúes en los que las mujeres asumen transitoriamente roles masculinos. El pastoreo de cabras y la defensa de la prole en África, no difiere mucho de la cotidianidad en el Pacífico colombiano, donde mujeres cultivan, rajan leña con hachas, gobiernan sus canoas y asumen la crianza integral de la prole.

Barranquilla fue la primera ciudad del mundo en rebelarse contra la existencia de un rey de la fiesta. Se cree que la historia de estas carnestolendas se remonta a 1791. Las comparsas de Negros Congos, las tropillas donde abundan disfraces de caimanes, toros, pájaros, peces, son tenidos por los investigadores como de origen africano, sin descartar el aporte de las migraciones europeas a lo largo de los siglos XIX y XX. En Venecia, los animales emulan a los humanos y pueden danzar a la luz de las velas, enamorarse o cantar junto a la orilla del mar.

Transformados en su ortodoxia, subsisten entre nosotros, además, los carnavales de Riosucio, el Carnaval de Blancos y Negros, -ahora en Pasto-, el carnaval de Tumaco. Las primeras fiestas de Buenaventura, conocidas hoy como Festivales Folclóricos, fueron ‘carnavales’, siempre en agosto, amenizados por orquestas como La Gigante del Pacífico, de Alí Garcés, las orquestas de Peregoyo y del Zurdo.

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