Resentidos, uníos

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Resentidos, uníos

Octubre 23, 2019 - 11:50 p. m. Por: Medardo Arias Satizábal

Desde Venezuela Diosdado Cabello, el nuevo Che Guevara, dice que “la brisita bolivariana se convertirá en un huracán”, reclamando para sí y para su inviable gobierno la ira desatada en Ecuador y Chile; quizá este legado espurio alcance también para Cataluña, donde seguramente la revolución chavista también merodea por el Parque Güell.

Delira Cabello, delira Maduro, con la idea guevarista de “la chispa que incendiará la pradera”. Sus postulados no alcanzan ni para inspirar a los petristas, a los mantecos criollos que se creen amigables con el medio ambiente porque abrazan árboles o los siembran para subir la foto al Facebook.

Alguna vez Álvaro Bejarano apuntó certeramente a los que hacen la revolución y se cansan a los tres días: “no aguantan un bistec a caballo…” Eso ya es bastante para abandonar las huestes. No hay nada que haga olvidar a un mamerto de su ortodoxia marxista, que algún asomo de ‘buena vida’.

La Toyota, los buenos restaurantes bogotanos, el whisky no adulterado, escindió ya a las Farc. Timochenko no regresará al monte ni amarrado. Cada que puede fustiga a Márquez y a Santrich. Los viejos guerrilleros están panzones, cansados, y esta vidorria de escoltas, sueldo de congresista, no la cambian por nada.

La destrucción del metro de Santiago de Chile, uno de los más bellos del mundo con el de Moscú, la reciente rebelión indígena en Ecuador y la guerra de los narcos en Sinaloa, hablan de un mundo que no quiere dialogar, de acuerdo a los preceptos democráticos, sino destruir, imponer por la fuerza y la violencia.

Lo que se vio en Culiacán, con la detención del hijo del Chapo y la respuesta a plomo limpio de la mafia, con la consecuente rendición gubernamental respaldada por Andrés Manuel López Obrador, no es otra cosa que la claudicación del Estado de Derecho, la rendición del principio de autoridad que debe regir en toda sociedad civilizada.

El mensaje que envía el gobierno de México al mundo no es el mejor; dice que es hora de agachar la cerviz ante los violentos, como ocurrió en Colombia con la entrega del país a todo lo que pidieron las Farc en La Habana.

La rebelión de Cataluña desconoce a España y lanza a la calle una ordalía de sangre y fuego en desacato a la ley. Muchos en el mundo seguimos de cerca la destrucción de la Vía Laietana en Barcelona, quizá una de las más bellas de Europa, en escenas que parecían tomadas del 'Joker'. Cataluña no tiene manera de ganar este litigio porque no tiene ejército, una fuerza capaz de enfrentar con las armas al gobierno de Madrid, en una guerra frontal. Así que destruir y meter fuego por las calles es una soberana irresponsabilidad que deja hoy policías y manifestantes heridos, y una ciudad que es patrimonio de la humanidad, en medio de vidrios rotos y olor a chamusquina.

En las redes, los mamertos criollos se preguntan “¿cuándo despertará Colombia?”, un mensaje que implícitamente invita a destruir el país, a quemar llantas, bloquear carreteras, enviar indígenas en chiva a las ciudades para ‘asustar a los ricos’.

Es claro que vivimos hoy en medio de la insania; el despertar que se le pide al país no es hacia la educación, la preservación de recursos naturales, la búsqueda de un mejor bienestar para todos, sino, tácitamente, “cuando salimos a quemar y alborotar, a romper vitrinas, a destruir el transporte público”.

El resentimiento que anida en muchos informadores, paga diariamente su cuota de servidumbre intelectual a lo peor de la especie humana, a postulados de hambre y miseria como los que propaga el famoso Foro de Sao Paulo. La minusvalidez ideológica hace que estos cipayos le carguen la maleta y el hacha a sus propios verdugos.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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