‘Mi voz cuenta’

‘Mi voz cuenta’

Septiembre 12, 2018 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

Mientras el papa Francisco convoca para febrero próximo una reunión de todos los obispos del mundo para fijar las bases de un plan de protección para las víctimas de abuso sexual, en Cali se acaba de firmar un pacto contra la explotación sexual infantil.

La periodista Jineth Bedoya, directora de ‘No es hora de callar’, fue la voz más aguda en este pacto firmado en el auditorio Alfonso Borrero Cabal de la Universidad Javeriana. Al evento asistieron funcionarios de la Fiscalía, delegados del Gobierno Nacional, la Defensoría del Pueblo y la Unicef.

“¿A qué niña de 11 años le gusta tener sexo con seis hombres diferentes, borrachos y abusivos?”, inquirió Jineth Bedoya en el auditorio. Denunció que “Antioquia, Risaralda y el Valle son tres de las regiones con más casos reportados, pese a la baja denuncia y al subregistro”, y agregó: “Muchas de las redes de explotación sexual del país son manejadas por el ‘Clan del Golfo’. Ahí estamos empezando a ver, infortunadamente, a muchas niñas venezolanas”.

El procurador general, Fernando Carrillo, fue notificado en Cali de la campaña ‘Mi voz cuenta’, a través de la cual se invitará a no callar, a denunciar estos casos que ya hicieron metástasis en otras ciudades.
Visité Cartagena un poco antes de la aprehensión de ‘La Madame’, para darme cuenta que la explotación sexual era ahí algo que estaba a la vista de todos, sin ningún control. En el espacio que preside la Torre del Reloj y frente al Portal de los Dulces, se podían contar en las noches más de 150 jóvenes, muchas de ellas menores, vigiladas por proxenetas que las vendían al mejor postor. Cartagena desarrolló por muchos años un turismo dedicado a la explotación sexual, protagonizado por adultos mayores provenientes de Europa y Estados Unidos. Muchos espacios públicos maquillados como night clubs eran realmente quilombos de una bien aceitada red de prostitución donde La Madame es sólo la punta del iceberg.

La reunión mundial de obispos se realizaría entre el 21 y el 24 de febrero del 2019.

Roma es sacudida por estos días con las nuevas denuncias en Chile, Estados Unidos, Australia. En agosto pasado el Fiscal General de Pensilvania reveló que en los últimos 70 años 301 sacerdote cometieron abusos sexuales.

Creo que la Iglesia Católica puede estar enfrentada hoy a una gran reforma, negada por siglos, cual es la de obviar en sus normas clericales el voto de castidad, para permitir que los sacerdotes puedan casarse, tener esposas, familias, como en la iglesia anglicana.

Es evidente que muchos sacerdotes son homosexuales, pero también se ve claro que algunos son proclives a la pederastia, guiados por las tentaciones de una libido exacerbada en el cilicio claustral, en la hoguera de las renunciaciones fraguadas por la vida monástica.

La prostitución y la pedofilia siempre existieron. Por siglos, esta última fue desconocida en el sacerdocio del mundo, por el temor sacro que infundía hablar de este delito -nunca se denunciaba a un ministro de la Iglesia- y por la ausencia de derechos civiles, de estrados legales para condenar este crimen.

La cumbre episcopal de febrero está justificada en esta noticia difundida ayer: “El cardenal Daniel DiNardo, presidente de la Conferencia de Obispos Católicos de Estados Unidos (Usccb), solicitó la reunión después de que el arzobispo Carlo María Viganò acusara al Papa de haber sabido por años de la mala conducta sexual del excardenal Theodore McCarrick y no haber hecho nada al respecto…”

El Papa se reunirá hoy con DiNardo, el cardenal Sean Patrick O‘Malley de Boston y otros dos miembros de la Usccb. Durante la reciente visita del Papa Francisco a Irlanda, Viganò difundió un documento de 11 páginas donde acusa a funcionarios del Vaticano de encubrir a McCarrick, el excardenal que está hoy en el ojo del huracán.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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