Los pleneros

Los pleneros

Enero 02, 2019 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

En las calles del Harlem Hispano, sector también conocido en Nueva York como ‘El Barrio’, un grupo típico de Puerto Rico mantiene la tradición de la bomba, la plena y las denominadas ‘Fiestas de la Cruz’, ahora con ‘rosarios salseados’.

Entre el ‘verano indio’, esa porción de sol que se niega a marcharse con las primeras brumas del otoño, se escucha de pronto un pregón bajo los balcones descalabrados donde gentes venidas de las Indias Occidentales ponen a secar ropa, de frente al griterío de las sirenas policiales y el ‘cantazo’ (golpe) de un bate contra una bola que se estrella en el aviso oxidado de la pizzería: “Yo no bailo con Juana/ yo no bailo con Juana/ yo no bailo con Juana porque Juana tiene juanete...”.

La gente se agolpa de pronto en torno a los músicos que agitan panderetas y cantan a coro, como queriendo despertar a todo este vecindario de la 110, otro día protagonista de una de las más célebres canciones interpretadas por la Sonora Ponceña: “!En el 23, de la 110, no se puede estar tranquilo...le diré por qué!” (Fuego en el 23), y el coro sube ahora en las voces de los caminantes que también quieren estar ahí para acompañar con palmas este ritmo de la calle.

Los que provocan tal alboroto son ‘Los Pleneros de la 21’, grupo típico de Borinquen, quienes desde hace cerca de 30 años cultivan en Nueva York los ritmos tradicionales de su isla: la bomba y la plena, a través de conciertos en Central Park, iglesias, callejones, centros culturales y aquí mismo, en el corazón del Harlem hispano, el barrio neoyorkino donde Tito Puente se inició como bailarín.

Los Pleneros, ya aclimatados en Nueva York, deben su nombre a la famosa ‘Parada 21’ de Santurce, lugar de ‘bembeteo y guerras cuchifreteras’ (la pelea y el bochinche), un espacio de la caribeñidad pura, en la ruta de la ‘guagua’ que recorre la zona metropolitana de San Juan. En dicha estación era posible, en otros días, encontrar a Daniel Santos dándose un ‘palo’ (traguito) con Pedro Flores, o a Rafael Cortijo discutiendo con Tite Curet y con Maelo, el Sonero Mayor.

El fin y comienzo de año es una parranda en Puerto Rico, “sobre todo por los asaltos”, dice Ramón Nieves, un boricua que lleva 30 años viviendo Nueva York. Los ‘asaltos navideños’, no se crea otra cosa, son paseos festivos que se hacen de una casa a otra del vecindario, con guitarras, maracas y panderetas. El propósito es ‘fajarse’ a punta de versos improvisados, bebida y comida en cada casa que se escoge al azar.

Cada 6 de enero, los puertorriqueños dejan pasto debajo de las camas de los niños, supuestamente para los camellos de los reyes magos, junto a los regalos.

Dirigidos por Juan Gutiérrez, un estudioso de las tradiciones puertorriqueñas, Los Pleneros integran a los hermanos Alberto y Roberto Cepeda, así como a Nellie y Sammy Tanco; José Lantigua, Edgardo Miranda, Ricardo Pons, Juan Usera, José Rivera y Víctor Vélez. Reconocidos ya en Hawaii, Connecticut, Massachusetts y todo el estado de Nueva York, ellos han llevado sus cantos típicos hasta los mercados hispanos donde se vende yautilla y malanga, acompañados en otro tiempo por el poeta Pedro Pietri, quien fuera figura central del ‘Newyorrican Poets café’, el sitio bohemio del Lower East Side.

Pietri era un excéntrico poeta que se hacía llamar ‘reverendo’ e iba por las calles con sombrero de pastor protestante y maletín de negocios blindado por un crucifijo. Caminaba lento sobre sus botas de veterano de Vietnam y en más de una vez se salvó de ser linchado cuando aparecía en los templos con una cruz al hombro, de la que colgaban decenas de condones de colores. Es el autor de una versión ‘jodona’ de ‘En mi viejo San Juan’, en spanglish, cuyos versos dicen más o menos: “En mi viejo San Juan/ subió el precio del pan…”.

Sigue en Twitter @cabomarzo

VER COMENTARIOS
Columnistas