La conspiración

La conspiración

Diciembre 12, 2018 - 11:50 p.m. Por: Medardo Arias Satizabal

El reciente cambio en la cúpula militar del país heredada del gobierno anterior, da esperanza de un cambio real en la política del presidente Iván Duque frente a la sedición, y permite un espacio de confianza en el tratamiento que debe darse al proceso de pacificación.

Algunas voces se alzan ahora en el pronóstico de augurar una renuncia del mandatario a quien cada día inventan una nueva conseja; la peor de ellas, que no cuenta con el apoyo de su propio partido, el Centro Democrático.

Para nadie es un secreto que el mayor elector del país es Álvaro Uribe, el presidente más honesto y patriota que ha tenido Colombia en los últimos años, quien acaba de ser irrespetado en el Senado, con un acto espurio por parte de la izquierda. El odio a Uribe es extensivo a Duque, quien canceló la mermelada a senadores y periodistas. Quieren atajarlo de cualquier manera y en ese propósito se acude a la calumnia, el insulto, la injuria.

No se explica cómo el régimen de corrupción de Colombia permitió la llegada al poder de Uribe y de Duque, hoy en un mar infestado de tiburones. A Uribe quisieron matarlo en Barranquilla antes de ocupar la jefatura de la Nación; una bomba explotó al paso de su vehículo. En varias oportunidades han disparado a su paso, como ocurrió con el helicóptero que lo transportaba a poblaciones en conflicto. A Uribe han querido asesinarlo desde antes de su llegada al poder; el sistema de seguridad que lo rodea y un vehículo blindado, impidieron el magnicidio.
Con criterios torcidos, un sector de la prensa nacional comprometido con la corrupción y las mafias, hizo hasta lo imposible por ignorar el resultado del plebiscito en el cual Colombia votó ‘No’. De hecho, el resultado de esta consulta democrática fue desconocido.

A Duque le acaban de inventar una ‘crisis’ con ribetes de sainete en torno a una ‘renuncia’ que jamás ha contemplado.

El cuidado en torno al presidente Duque y a su mentor Álvaro Uribe debe extremarse en estos momentos; cualquier cosa puede estar urdiéndose en tierra de lanudos -la meseta cundiboyacense- en la cual Bolívar perdió la fe, y donde autorizaron los crímenes de Jorge Eliécer Gaitán, Pardo Leal, Lara Bonilla, Pizarro Leongómez, Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado y tantos otros. Las Farc, replegadas y fortalecidas, mas no desmovilizadas, amenazan con volver al monte si se produce la extradición de ‘Santrich’, mientras el Eln hace de las suyas en los campos, junto a las llamadas Bacrim. El plebiscito del No, consideraba, entre otras cosas, el recorte en el Congreso de la República, donde tantas veces las leyes han sido pagadas y dictadas por narcotraficantes. La mano negra del régimen, la conspiración del terrorismo con sus voceros ahí, ha vuelto a echar veneno en el bote, para torcer, a su amaño, el rumbo del país. El mismo régimen al que Álvaro Gómez Hurtado denunció en tantas ocasiones, quiere conservar el ‘statu quo’ de una nación despedazada, escindida, para continuar repartiendo el botín a espaldas de un pueblo generoso.

Los que le inventan hoy una ‘crisis’ a Duque, ponen en tela de juicio su gobierno y argumentan con calumnias en torno a una renuncia, son los que no desean el cambio de Colombia, porque ven amenazados sus turbios intereses, hacia el futuro. Son los mismos que no pueden concebir una patria sin guerrilla, sin mafiosos, sin secuestradores, sin periodistas cipayos al servicio de un personaje siniestro como Petro.

Hoy más que nunca, Colombia debe estar de pie y atenta para desenmascarar a quienes desean desmoralizar al nuevo gobierno. Era necesario hacer tabula rasa para emprender de manera holgada el camino. No es posible pensar un país mejor, con los enemigos dentro.
Ni un paso atrás. A limpiar la maleza e identificar a los enemigos de Colombia. La voluntad popular se expresó en las urnas en favor de Duque. Ese es el mayor aval de su mandato.

Sigue en Twitter @cabomarzo

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