Para Ripley

Mayo 06, 2022 - 11:40 p. m. 2022-05-06 Por: Mario Posada

Ahora sí: ‘La tapa del congolo’.

Entre la avalancha de iniciativas, casi todas ellas muy originales por cierto, nos llega a los habitantes de este hermoso país del Sagrado Corazón una noticia insólita: que en Colombia, sí, en Colombia, se prohíbe la pesca deportiva para proteger a los pececitos del maltrato. ¡Vaya vaya! decisión tan importante, que ameritó horas de análisis en el refugio de las honorables cortes, tan ávidos de trabajo que justifique al menos el esfuerzo de ponerse bien la toga.

Me refugio furtivo en la soledad de mi hogar, leyendo en los diarios tal hazaña, para que Cristo desde la imagen que nos vigila no lo note, pues atónito se hundiría en el mar donde con facilidad camina sobre sus aguas, al observar Él también las redes de los apóstoles repletas de peces atrapados, ante el asombro de sus discípulos que escasos de fe, se les negaba habilidades de pescadores, pero pronto lo serían de almas.

Entonces me pregunté muy confundido: ¿Es una broma? No puede ser, me contesté, estos señores son muy serios, son muy circunspectos y en sus manos, que no en su conciencia polifacética, reposa nuestro destino. Si no lo es, entonces se trata de un oso; pero de esos pardos, agresivos, grandototes y peligrosos que deambulan en los bosques, y que invitan al escondite de aquellos que ‘osen’ perturbar su arrogante presencia.

Vamos a la esencia, aunque la Corte admite ausencia de evidencia científica, entonces cito: “Se carece de sólida evidencia científica si los peces sienten y sufren” afirman los togados. Basados en sus conocimientos académicos como los que más, nos dejan a sus subordinados y a los pescadores “el principio de precaución frente a un posible maltrato, pues dicha práctica de la pesca vulnera la prohibición del maltrato animal”.

Que no se nos ocurra a los humanos pisar una hormiga pues ellas también sufren, ni mucho menos sacar a escobazos un murciélago de la alcoba. Que no te vean porque habrás de subir escaleras en la Fiscalía.
“Joder”, como dicen los españoles.

Pareciera que los ventanales polarizados en la sede de sus hazañas, no les dejaren ver mas allá, e ignorasen las atrocidades que se perpetran a diario contra ciudadanos de carne y hueso, que no de espinas como los pescados, usando armas y técnicas mucho más letales que el antiguo anzuelo que prodiga vida, relaja el alma y calma el hambre.

A propósito: ¿Y del aborto qué?
He recibido rumores en el sentido de que ante el avance veloz de la tecnología, para lograr mayor claridad de esta ‘ley’, ya fue nombrada una comisión de científicos naturalistas que investigarán a fondo el sonido gutural de peces atrapados, acto seguido una vez ubicado, acudir también a expertos en lingüística naturista (egipcios han de ser), de tal forma que al traducir sus lamentos se interprete algo de este tenor: “Por favor libérame que se quedan mis hijitos en el agua sin papá” o sin mamá, si se trata de una pescada.

Suficiente razón creen tener los hoy defensores de los peces sobre lo que fuera hasta este momento inútilmente defensable.

Entonces, ¿con que perla nos saldrán mañana?
A los colombianos nos da pena hasta con el señor Ripley.

“Cojan oficio”, decían las abuelas.

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