Cañaveralejo fue una fiesta

Enero 05, 2022 - 11:55 p. m. 2022-01-05 Por: Mario Posada

No sé si será buen augurio terminar el año viejo con una buena corrida, o iniciar el nuevo con sus buenos recuerdos. Con el último suspiro luego de haberse terminado la reciente temporada, me animo a hacer una referencia suya, animado por los muy buenos resultados obtenidos, así como los hechos que hicieron vibrar de nuevo la afición a esta legendaria fiesta.

Tan arraigada en la cultura general, ella nos demuestra que se podrá no tener afición a los toros pero jamás abstenerse de lo que ella congrega en términos de tradición, historia y repaso de todas las artes. Ríos de tinta inundan bibliotecas recopilando poemas o prosas hermosas, nacidas precisamente del arte de la tauromaquia en sus más exquisitas manifestaciones.

Plumas inmortales como la de García Lorca (“los toros son la fiesta más culta del mundo”) o Rafael Alberti para nombrar tan solo un par, encontraron fuente de inspiración en la fiesta taurina. Paletas virtuosas como la de Botero el nuestro, Picasso o Goya, sin dejar de mencionar al caleño Diego Ramos, que hoy disfruta su bien ganado nombre en la Europa taurina. Ni hablar del nutrido pentagrama de la música taurina, que no le fue ajena al genio de Agustín Lara.

Pero entremos en materia. Acaba de concluir la temporada taurina número 64 de la Plaza de Toros de Cali, ciudad históricamente taurina, donde se recuerdan los circos Granada y Belmonte. El balance fue altamente positivo.

Debemos hacerle un reconocimiento especial a la empresa española Tauroemoción que, contra todo pronóstico, con garra y afición, le brindó a nuestra plaza un renacer. Tímido repaso de la temporada nos permite afirmar que en materia de toreros y cuadrillas ha quedado un puntal muy alto.

En lo que se refiere a la materia prima, los toros (las corridas son de toros), un corridononón de Victorino Martín, hierro simbólico en la geografía de la piel de toro España, puso la pica en Flandes. Quedará en la pupila de propios y extraños la corrida del 29 de diciembre, como gravadas quedaron otras allende los tiempos, tal fueran la emblemática de Piedras Negras mexicana, y aquella de Torrestrella proveniente de los Alburejos de Don Álvaro Domecq y Díaz, un 31 de diciembre, que marcó el cambio de siglo, para nombrar solo dos de grata recordación.

No se puede desconocer el esfuerzo de las ganaderías criollas que pasaron por esta feria y también dejaron su impronta en alto. Serán sus propietarios quienes, revisando sus notas, quedarán con la satisfacción del deber cumplido, arropados con el aplauso franco, o aquellos que revisarán detalles como la presentación, cuando irrumpen al ruedo los ejemplares en términos de edad, peso y trapío, no apto para Plazas de primera como la de Cali.

El positivo balance de la temporada será puntal indiscutible para tomar impulso en el año que estamos estrenando. Más ahora que con gran esfuerzo, y como si fuera poco, la Sociedad Anónima Plaza de Toros de Cali recuperó recientemente su patrimonio para sus verdaderos dueños los accionistas.

Así se irá conformando en un nuevo ícono para la ciudad, ya convertida con reconocido esfuerzo, en escenario multiusos que no tenía, sin mancillar lo más sagrado de sus estatutos, la actividad taurina.

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