Defendiendo al padre Cadavid

Defendiendo al padre Cadavid

Junio 03, 2019 - 11:55 p.m. Por: Mario Fernando Prado

Conozco al Padre Cadavid desde hace unos treinta años. Hemos mantenido una relación agridulce habida cuenta de su pragmatismo y terquedad y en más de una ocasión hemos chocado, pero esas diferencias siempre las hemos zanjado con un apretón de manos, nacido del mutuo respeto.

A veces lo veo intolerante, dogmático y hasta insoportable, y otras le encuentro razones a su fidelidad a la norma y por ser un sacerdote formado como jesuita que no intenta ganar feligreses ni se pone a payasear, ni cede ante quienes gustan más de un cura ‘de ambiente’ que de un prelado que acata el dogma, alejado de una iglesia que se ha relajado y se distingue por una permisividad y un relativismo fuera y dentro de sus templos.

Esa es la razón por la que se ha ido ganando enemistades y enemigos entre los católicos acomodados, que gustan más de curas de bolsillo, toma trago, disolutos y hasta ‘maricones’, e incluso dentro de la misma iglesia porque no traga entero y es frentero como buen santandereano.
Este tema lo traigo a colación porque durante varios días se ha puesto sobre el tapete la tragedia del secuestro extorsivo de la iglesia de La María, gracias a las excelentes crónicas de los periodistas de este diario encabezados por Paola Gómez en las que se revive el drama de cientos de familias, que además de estar días y meses en cautiverio, tuvieron que pagar gruesas sumas de dinero para recobrar su libertad y detener la extorsión que padecieron.

Por otra parte, circulando un video sobre el mismo tema en el que algunas personas sindican a Cadavid de que sabía que se iba a perpetrar ese crimen de lesa humanidad, que había sido informante de la capacidad económica de los secuestrados, de haber recaudado dineros para el ELN y peor aún, que había recibido comisiones por tales pagos.

El por entonces párroco de La María ha explicado hasta la saciedad que nada tuvo que ver en ello y que no hay la menor prueba ni el menor indicio que confirmen tales acusaciones. Y aunque algunos insisten en la calumnia difamante, en un acto de reconciliación fue invitado a concelebrar la misa que se ofició el pasado 30 de mayo, -veinte años exactos después del plagio-. Allí dijo algunas palabras y se abrazó con no pocos de sus contradictores, en el lugar al que no había vuelto en estas dos décadas.

Es más, el guerrillero eleno Pablo Beltrán en entrevista exclusiva con este diario, manifestó que Cadavid no conocía del secuestro y que nada había tenido que ver ni con su planificación, su realización y menos con lo que vino después.

Sin embargo y como de la mentira algo queda, al presbítero lo mantuvieron al margen del postsecuestro, cargando una cruz infame y sufriendo por décadas y en silencio, tan falso como falaz señalamiento.
Ahora en que tanto hablamos del perdón, ojalá los ‘ofendientes’ que quedan, se acercaran a Cadavid y reconocieran cuán equivocados han estado. Sería un acto de cristiandad, de valor y de hidalguía.

Yo, desde mi humilde orilla de escribano y con la poca o nula credibilidad que pueda tener, doy fe del actuar de Jorge Humberto Cadavid Morales, porque lo conozco lo suficiente como para atreverme a meter la mano al fuego por el.

PD: Los rompe calles y ante la presión de la ciudadanía, andan rellenando los huecos a la ‘topa tolondra’. Ya verán que en pocos meses aparecerán las grietas por culpa de sus improvisaciones y volverán las calles a ser una verdadera mi...seria, ante los ojos complacientes de sus contratantes y de sus ciegos - y dicen que hasta enmermelados - interventores. ¡No hay derecho!

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