Rebelión contra el wsp

Rebelión contra el wsp

Mayo 02, 2019 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

Cada día me topo con más personas, claro que no exactamente millennials, que han decido irse sacudiendo el celular, pero especialmente del wsp. La razón es simple: querer rescatar la conversación, la interacción humana. Bien presencial o telefónica, pero rescatar el contacto con la voz, que equivale a decir, el contacto con la persona. El argumento de los anticelular tiene un complemento: a excepción de las urgencias, que suelen no ser lo frecuente, siempre hay tiempo para llegar a un teléfono fijo, o simplemente hablar con calma y buena disposición. Las cacareadas ocupaciones suelen ser más una construcción mental que una realidad cierta porque además se cumple aquel adagio popular de que “no madrugar amanece más temprano”.
Pero además el diálogo y la conversación interpersonal tienen otro sentido. Le abren un espacio a la expresión de las emociones, de los sentimientos que finalmente constituyen el gran diferenciador de los humanos.

Un artículo publicado en la revista The Atlantic titulado ¡Qué nos hace felices! le da sustento conceptual a esta intuición de quienes empiezan a liberarse, a decir de ellos, de la tiranía del celular. Se trata de un trabajo del prestigioso psiquiatra norteamericano George Vaillant quien realizó un fascinante estudio, conocido como The grant study. Su propósito era precisamente encontrar claves para responder un propósito existencial vital: alcanzar la felicidad.

El eje de la investigación giró en torno a un grupo de 268 jóvenes que a finales de 1930 entraron a la Universidad de Harvard, entre quienes se encontraban John F. Kennedy, Norman Mailer y Ben Bradlee. Tenían en común el ser un grupo de privilegiados. Arrancaban con el viento a su favor: talento, posición económica y las ventajas de estar en uno de los mejores centros universitarios del mundo. Sin embargo la vida no fue pareja para todos: hubo éxitos pero también mucho alcoholismo, desamor, suicidio, frustración, desadaptación, amargura. Al menos la tercera parte de la muestra sufrió alguna enfermedad mental y el alcoholismo fue la plaga que rondó siempre y entre quienes menos se esperaba. En las seguridades económicas y las oportunidades no estaba la clave.

Durante 42 años, Vaillant siguió a estos hombres quienes accedieron a responder sistemáticamente cuestionarios. El seguimiento comenzó en el primer año de universidad, los investigadores visitaron sus familias, averiguaron sobre hábitos infantiles y reconstruyeron el curso de sus existencias. La conclusión de Vaillant, quien ronda los 70 años, después de tan costoso como sofisticado esfuerzo es tan simple como profunda: la interacción humana es la llave de la felicidad. Pero algo más contundente: la felicidad es afecto. Y punto. Relationships are the key to happiness. Happiness is love.

Las conclusiones de este trabajo coinciden con el reclamo de quienes expresan sus críticas a la comunicación simplificada e instrumental y práctica del wsp, que termina sustituyendo y desplazando la interacción humana. La tecnología -y no se trata ahora de ser estúpidamente retro ni creer en que todo tiempo pasado fue mejor- ha ido volviendo a los seres humanos unos solitarios, solipsistas que se relacionan a través de una máquina, llámese computador, celular o cualquiera de los tantos juguetes tecnológicos del mercado. Prescindir de estos avances sería de subdotados, pero dosificar su uso sería brillante y hasta sanador. Volvería a la gente un poco menos eficiente pero quizás más feliz.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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