El experimento de Islandia

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El experimento de Islandia

Agosto 29, 2019 - 11:50 p.m. Por: María Elvira Bonilla

Las experiencias narradas por el famoso psicólogo norteamericano Harvey Milkman apartir de lidiar durante 30 años con adolescentes y jóvenes cercados por el alcohol y la droga, confirman que el peor camino para enfrentar el tema es el punitivo: persecución, castigo y mano dura para atacar los síntomas, es decir, la adicción. Cada día aparecen nuevas drogas, sintéticas, más baratas y más populares que junto con el alcohol en todas sus formas son un acompañamiento obligatorio en el divertimento nocturno de bares y rumbas públicas o cerradas. Un escenario de desazón e incertidumbre para los millones de millenials o centennials desorientados y confundidos que buscan un lugar en el mundo.

El psicólogo Milkman muestra salidas esperanzadoras que ha logrado concretar con éxito, y convertirlo en ejemplo mundial en la lejana Islandia. Como lo ha hecho Finlandia con su modelo educativo. Países que para empezar no han sucumbido a la presión norteamericana de la guerra ciega contra las drogas que mantienen al mundo atravesando un errático sendero. Luego de una experiencia de 20 años, Islandia presenta los menores índices de consumo juvenil de drogas y alcohol y ha logrado consolidar un estilo de vida saludable para su juventud en contraste con la realidad en las urbes modernas, sean grandes o pequeñas donde al desasosiego se le suma el componente de desempleo masivo.

Milkman convenció al gobierno de Reikiavik de abordar la problemática juvenil como una política pública integral, partiendo de que la adicción es una respuesta a una realidad de fondo asociada a la dinámica social contemporánea que dispara la ansiedad, inseguridad y estrés, tres variables que según él, afectan la química del cerebro. Emociones intolerables que terminan buscando ser aplacadas con la droga o el alcohol.

Su experiencia le ha llevado a identificar actividades que tienen para los jóvenes un efecto protector que le ayuda a enfrentar las dificultades, sin estimulantes. Un camino sencillo y casi que de sentido común, pero con gran capacidad transformadora. Se trata de estimular comportamientos dirigidos a fortalecer las relaciones sociales; una interacción orientada a reconocer potencial creativo del muchacho y apoyarlo desde el núcleo familiar, escolar y comunitario con tolerancia y respeto. No de manera superficial sino real, con actividades individuales y colectivas, vitales y creativas en ambientes amables y sin tensiones, que provocan cambios en la química cerebral -donde se genera la adicción-. Estas además copan el tiempo, el ocio, facilitándoles el camino de una mejor vida con una interlocución fluida.

Es la ruta contraria a la de perseguir y castigar. La ruta de la construcción de confianza en atmósferas de seguridad que inviten a salir del encerramiento y tender puentes que permitan sembrar el sentido colectivo de la existencia humana. No es otra cosa que una sumatoria de acciones fortalecidas por programas sociales masivos complementarios al pénsum escolar con los jóvenes en el corazón de la estrategia. La continuidad y persistencia ha producido este resultado excepcional: convertir a Islandia en el país europeo con menor índice de consumo de alcohol y droga en la población juvenil y por tanto con una criminalidad y violencia urbana casi nulas.

Sigue en Twitter @elvira_bonilla

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